El permitido camino a casa en el cine porno de Liniers.

Compartir

porno

Ese  miércoles  de marzo  hacía  un calor inaguantable.  Vestía remera azul y jeans azul,  terminé  mi horario de trabajo llegando al mediodía y me  agarró una  calentura  camino a mi casa imposible de sostener. Como estaba  cerca de Liniers me mandé al cine porno. Éste queda en una  galería a media cuadra de Av. Rivadavia, en un subsuelo; pagué  la entrada y  bajé  la  escalera. Si  éramos  diez personas es mucho. Subí al  primer piso en donde  casi  siempre hay  acción. Me  quedé sin remera a la  espera de  algún  flaco  interesante. Como siempre, la poca gente se  hacía la estrella. No me hice drama, pelé el  ganso y le di a la manuela un rato. Un buen rato  después cae  él. Morocho, baja estatura como de 160 mts, de piel  como  bronceada y espalda ancha con buenos brazos trabajados. Me  acerqué disimuladamente y ni me  miró. Él llevaba puestos una  remera blanca,  bermudas de jeans y una gorra negra estilo pibe de barrio. De a poco fueron subiendo los demás y amontonándose cerca del pibe. ‘Ya  está, ya fue’,  pensé, ‘espero que deje ver el lomo’. Estaba por bajar para pajearme en soledad cuando el  flaco me agarra de la mano. Me acaricia el  pecho, se acerca a mi boca y me  pregunta si yo había  hecho algo; ‘No, hace un rato vine’ y  ahí de una me manda mano en la chota. Me pajeo el  ganso con una cancha que de la  calentura me  quedé en bolas. Lo desvestí y  quedó con la remera  subida mostrándome todo el  pecho lampiño. Le  comí las tetillas y gemia  como loco. De cara se me  hacía  más  chico que yo, le  pregunté la edad y me dijo 20 años, me dio morbo, no paré. ‘Y vos?’,  preguntó gimiendo. ’34’;  seguí  comiéndome sus tetas de macho, se las chupetee, mordí, escupí y volví a metérmerlas en mi jeta, yo  estaba al palo y me lo quería empalar, lo hago bajar, me pongo un forro y le pido un beso a mi amiguito.  Cómo me trago el choto, se atragantaba y dejaba hilos de saliva, me  comió los huevos y el que ahora gemía era yo. Me  tiré al suelo en bolas, recostado entre la  leche de vaya a saber  quién guasqueo antes, y el pibe peteándome  también en bolas con el ojete mirando a los flacos que se pajeaban  viendo  cómo  disfrutábamos. ‘La quiero en cuatro’, me dijo y  ahí nomas nos acomodamos y lo  clavé. Desnudos, transpirados y re calientes por la  situación le mordía la espalda mientras le masajeaba las tetillas y lo nalgueaba despacio, de vez en cuando lo pajeaba un poco pero me sacaba la  mano para hacerlo él mismo. No quisimos hacer fiesta pero no nos jodió ser vistos, a  mí me re calienta eso. Su ojete  redondo y sin pelos me  tenía las bolas llenas de leche. Estuvimos unos minutos más así hasta que al manotearle la chota me mancha la mano, ahí le di con todo y lechee ese ojetazo sin pelos haciéndolo gimiendo los dos de la alzadura. Me saqué el forro, él se paró y tranzamos unos minutos antes de vestirnos y seguir cada cual su camino.   DE: RODOLFO RODO 

Compartir
Relatos de los lectores on FacebookRelatos de los lectores on Twitter
Relatos de los lectores
Un lugar para que todos esos relatos que sean fantasías o no, puedan materializarse y compartirse con todos los demás... Historias que se repiten, pero que tienen el condimento único del que las escribe y las vive, Historias increíbles, y otras que se suman a una terrible y única realidad. Tus historias.
Latest Comments
  1. Sex Hunter Sex Hunter
  2. Jose Luis
  3. Jorge

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Loading Facebook Comments ...
Optimization WordPress Plugins & Solutions by W3 EDGE