lunes, 1 de abril de 2013

Adicto sexual.

Suele creerse (y en la esfera sexual la mayoría de las personas nos manejamos con creencias), que aquellos que llevan una vida sexual sumamente activa están más ligados al placer que el resto de los mortales.

Nos encontramos aquí con un primer problema, cómo medir ese “sumamente”. ¿Cuál es el límite entre lo habitual y lo exagerado? Según la época histórica o el grupo social considerado, la frecuencia en que una persona desea sexualmente puede ser visto como habitual o fuera de lo normal. La práctica usual de diversas actitudes sexuales (masturbación, acoso, infidelidad, etc.) no implican necesariamente adicción al sexo.

Para considerar que una conducta sexual es adictiva existen otros parámetros a tener en cuenta:

- El grado real de satisfacción de la persona en cuestión.

- La capacidad de controlar sus deseos.

- La posibilidad de mantener diversas vías de contacto con la vida cotidiana.

La adicción se define por la compulsión de tener que desarrollar determinada acción, más allá de la propia voluntad. La compulsión es un mecanismo psicológico que se diferencia del dejarse llevar por los impulsos. El impulso nos habla de una vivencia placentera de la conducta realizada. La compulsión nos habla del displacer, de la imposición interna de hacer algo (comer, fumar, beber alcohol, tener encuentros sexuales, drogarse, etc.)

Esta conducta compulsiva es llevada adelante por el sujeto para calmar sentimientos negativos vividos como intolerables (ansiedad, angustia, miedo, baja autoestima, vacío, soledad, etc.) La compulsión sexual puede manifestarse de diversas maneras en el individuo: masturbación, acoso, búsqueda constante de un compañero sexual, llevado a cabo con tal intensidad que en ella puede leerse la desesperación por la descarga.

La sexualidad es una energía vital que nos acompaña durante toda la vida y nos impulsa hacia el crecimiento y el equilibrio interior, pero también puede convertirse en una droga que permita descargar o compensar esos sentimientos negativos.

La adicción sexual se observa más en los varones que en las mujeres. Pareciera que existe una explicación filogenética, en relación a que desde los mandatos de la naturaleza, el macho debe impregnar la mayor cantidad de hembras posibles para asegurar la continuidad de la especie. En cambio, la hembra humana sólo puede procrear un hijo por año y debe ocuparse de cuidar a la cría.

Así mismo, desde los mandatos culturales y aún considerando los avances en este sentido hacia finales de milenio, el varón tiene permiso para intercambiar sexualmente con un gran número de mujeres; eso lo hace “más hombre”. En cambio, en diversos ámbitos continúa considerándose que la mujer debe ser más selectiva y cuidadosa.

Dentro de la infidelidad podemos considerar diferentes vertientes. Desde la situación ocasional casi extraordinaria, hasta la búsqueda permanente de parejas externas, algo así como que lo habitual en esos casos es que la pareja esté siempre conformada por lo menos por tres (aunque uno no lo sepa). En estos casos se linda con la promiscuidad.

La adicción sexual y la promiscuidad suelen ir de la mano. No hay selección, no hay real deseo, sólo hay necesidad de acallar un grito interno y cualquier cuerpo viene bien, por lo menos por un tiempo la persona cree estar en paz, hasta que el grito comienza nuevamente.

Los adictos sexuales, sufrieron situaciones sexuales traumáticas en los primeros ocho años de vida (abuso, maltrato, represión severa, hiperestimulación, etc.) En estos casos, la conformación del mapa erótico personal puede oscilar entre la hiposexualidad (generalmente encontrada en las mujeres) y la hipersexualidad (generalmente efectuada por los varones). Avalada por los mandatos sociales.

Puede suceder que la adicción sexual surja sólo en determinados momentos de la vida como respuesta a una crisis personal, por ejemplo, después de un divorcio, la persona necesita asegurarse de que aún continúa siendo deseable, eso suele llevarla a conductas sexuales irreflexivas. A diferencia de la adicción como constituyente de la estructura de la personalidad, estas personas, una vez superada la crisis retoman una vida sexual selectiva y “moderada”.

En síntesis, el adicto al sexo no siente placer con sus conductas, no puede controlarlas, está dominado internamente y le resulta muy difícil conectarse con otros intereses que puedan ser armónicos y productivos para sí mismo.




Marcos L

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy buena nota, felicitaciones!

Anónimo dijo...

soy adicto sexual y no está bueno pierdo tiempo y dinero yendo constantemente a cines porno poniéndome en pedo y la mayoría de las veces salgo sin estar satisfecho. Estoy arruinando mi vida por completo y necesito ayuda

Aldo dijo...

El vacio excistencial que te sale cuando salis de la tetera o del antro que se te ocurra es terrible, aún cuando segundos antes de acabar uno cree que logró todo. Pero sigo yendo...

Anónimo dijo...

Aldo, totalmente de acuerdo con lo que decís, siempre repito eso, y siempre termino yendo a baños, parques, etc. Realmente me siento vacio y muy deprimido después de ir, son lugares para acabar solamente, pero salgo y me reencuentro con la soledad, sin afectos, sin amor, que es lo que realmente importa, pero en el momento de calentura creemos que sacándonos la leche de encima somos felices, y al instante te das cuenta que lo importante es un buen beso, abrazo y caricia a alguien y de alguien que esté dispuesto a dártelo aún después de acabar, eso es lo importante!, creo yo.

Tiziano dijo...

No me considero un adicto sexual pero me siento identificado con los dos últimos comentarios (el de Aldo y el anónimo). Se hace muy difícil encontrar personas homosexuales (que sin caer en el afeminamiento extremo) tengan algo de sensibilidad afectiva e intelectual. Muchas veces, siento deseos de encontrar gente gay para conocerlos de a poco. Ingreso a chats, voy a algún cine porno e incluso, a algún departamento privado. Sólo veo tipos calientes que quieren que les chupés la pija y cogerte de una. Te hacen sentir que no valés nada; que sos un cacho de carne con ojos, sin identidad y totalmente reemplazable. Nada especial. Sos uno más del montón. Mañana será otro día, con otro tipo en tu lugar y vos quedarás en el olvido. Frente a eso, los encuentros sexuales terminan siendo, por lo menos en mi caso, traumáticos y vacíos, con el cuerpo satisfecho pero el alma vacía, además de cierta confusión existencial. Vas a lugares hostiles buscando una visión romántca del sexo y lo único que encontrás es un chabón al que no le interesa ni cómo te llamás y que lo único que quiere es sacarse la calentura. Para algunos puede ser excitante en ocasiones; sistematicamente y sin una contención afectiva a través de una pareja estable o un grupo de amigos, termina siendo frustrante. Saludos!!

Anónimo dijo...

Entiendo todo lo que dicen, pero la mayoria de la veces que voy al cine(en un ratito estoy yendo a uno) yo me termino llevando a alguien a un hotel para seguirla, justamente para no sentir esa sensacion de vacio, soledad o como la llamen. En mi caso, pocos modos tengo que quitarme mis angustias, y el mejor modo que tengo es teniendo contacto con alguien,me encantaria poder compartir mas que un polvo, y eso quizas signifique mimos, y mas sexo, no que solamente sea el sexo y acabe ahi, si no hay onda bueno puede pasar, pero no se equivoquen con sus necesidades. Necesitan aparte algo mas, porque sin sexo estarian peor gente. Si me ven en un cine, compartimos una lata de birra.Abrazo y si quieren agreguenme al fb(con respeto) los agrego:yoelemi

Anónimo dijo...

Estuve yendo a teteras por mucho tiempo. Sentia lo mismo, un terrible vacio. Lo mio venia de un abuso en la infancia. A quienes lean esto y sientan miedo de afrontar la situacion, quiero animarlos a que traten de hablar con un profesional que pueda escucharlos. Es posible relacionarse mas sanamente. Se necesita asomarse al infierno interior y echar un poco de luz. Creeme, no te mereces ser tratado como un objeto. Saludos!