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Una vieja historia de amor para salir del closet...

Luego de varios años, me reencuentro con mi primera pareja a la que yo siempre cuento que es mi primer amor. Con él no tuve más remedi...



Luego de varios años, me reencuentro con mi primera pareja a la que yo siempre cuento que es mi primer amor. Con él no tuve más remedio que salir del clóset, honestamente yo pensaba que con estar a su lado no tenía opción, yo tenía en ese entonces 19 años, no tenía amigos porque había venido de Uruguay y él tenía 30 años. No tenía forma de justificar ante los ojos de mi familia cómo lo había conocido, ya que además en ese entonces trabajaba en la empresa familiar, no estudiaba y toda mi vida social giraba en torno a la familia.

Sin embargo, nunca dudé en integrarlo a mi vida, por lo cual lo presenté sin ningún problema de mi parte: era la persona que amaba y no encontraba ningún motivo para excluirlo. A pesar de eso, me acuerdo de algo que no me enorgullece. Una vez mi prima me preguntó por nuestra situación y yo le dije: “El sí es gay, yo no”, cuestión que a mi pareja le molestó mucho por un lado el outing (lo deschavé) que le había propinado y por otro lado el que yo hubiese negado lo mío y por ende nuestra relación. Eran tiempos en los cuales tenía incorporados varios mandatos sociales negativos, en donde a los homosexuales nos pronosticaban terminar nuestra vida siendo: “Viejos, putos, tristes y solos”.

Para octubre pasado lo llamé por su cumpleaños, le mandé un mensaje a él a Carlos, y, como estaba de viaje, a su regreso me llamó a casa. Para mí fue una alegría tremenda.

Hoy nosotros ya tenemos nuestros largos años y él no cambió para nada en su forma de ser, sigue yendo a bailar los sábados como lo ha hecho toda su vida, de hecho me lo encontré hace dos meses en Contramano.

En la charla telefónica de aquella vez me contó sobre su vida, su madre, etc. Continuó tratándome de la misma manera de siempre, es decir, me cagó a pedos como si siguiéramos siendo una pareja y ahí arrancamos a conversar sobre nosotros en aquellos días de nuestra juventud.

Carlos siempre se destacó por su memoria. Me empezó a decir cosas nuestras que yo tenía (digamos) olvidadas; por ahí me expresa que yo soy su gran amor, que fui el primer hombre que él amó (¿hombre?, yo tenía 19 años), y en eso me dice: “Nosotros nos conocimos el 28 de marzo de 1978 en avenida Santa Fe y Rodríguez Peña a las 21.45”. Y yo le acoté: “Sí, en la puerta de un negocio que tenía productos importados que era el único en Buenos Aires que traía perfumes, remeras Lacoste”. Y le seguí diciendo: “Yo venía caminando detrás tuyo y vos movías el culo como ninguno” (en esos años la avenida Santa Fe era como Bunker, una pasarela pública en donde se levantaba y conocía mucha gente), a lo que él me dijo: “Ahhh, mirá vos… ¿Vos te acordás cómo venías vestido?”. “No, ni en pedo”. “Tenías un jardinero de jean sin nada debajo, zuecos de madera y movías el culo más que nadie de avenida Santa Fe”.

Me terminó de decir eso y mi propia imagen se me representó automáticamente.

Cuando corté, me puse a pensar y me pregunté: ¿Realmente lo necesité a él para salir del placard con mi familia?

A esta altura parece que me basté solito, era un putito hecho y derecho…O mejor: hecho y zurdo.


Roberto