jueves, 14 de agosto de 2014

Los gays somos promiscuos.

Uno de los típicos tópicos que se manejan es aquel que se refiere a la promiscuidad de los gays, a que todos somos unos viciosos y unos guarros y a lo poco predispuestos que estamos en general a comprometernos en relaciones de pareja. Lo habrán oído por todas partes. No sé si conocen ustedes el chiste aquel: ¿Qué se lleva un gay a una segunda cita? Un tercer marica. Porque nos encanta hacer tríos y orgías y somos unas cerdas de nivel máximo, claro.

En contraste, tampoco podemos desgajarnos del típico tópico que asegura que las lesbianas están ansiosas por comprometerse en relaciones de pareja. No sé si conocen ustedes el chiste aquel: ¿Qué se lleva una lesbiana a una segunda cita? La valija con todas sus cosas para mudarse. Porque las lesbianas, como mujeres, no practican el sexo, sino que se enamoran todo el rato y se comprometen a la mínima (nótese la ironía).

Evidentemente, yo no pretendo hacer apología en esta columna sobre tópicos, aunque muchos estereotipos esconden algún grado de verdad. Puede que sea cierto que los gays, en general, tienden a ser más promiscuos que las lesbianas, pero esto no se debe a la orientación sexual, como se cree erróneamente. Mucha gente piensa que los maricones, como sodomitas de pro, hijos de Belcebú y enfermos mentales depravados, nos dedicamos a coger sin ton ni son y que nos lo montamos con nuestro médico y hasta con el carnicero del Carrefour (al parecer, mientras nos hace filetes una pechuga de pollo, nos ponemos de rodillas y le practicamos una mamada padre, como ritual de agradecimiento o algo).

Se comenta que, biológicamente hablando, somos así de impulsivos y ultrasexuales, unos guarros, unos viciosos y unos pervertidos que sólo pensamos en meterla en caliente. De hecho, no sé cuántas veces he oído eso de es que los maricones lo tienen mucho más fácil, llegás al cuarto oscuro y vas a lo que vas (claro, los maricas ni tenemos citas, ni cenas, ni estrategias de cortejo, ni nos abrimos perfiles, ni invitamos a una copa, ni nos presentamos en plan “estudias o trabajas”, ni hablamos, ni nos sonreímos, ni nada: sólo metesaca). Esto ocurre porque el imaginario colectivo ha interiorizado que los hombres homosexuales somos promiscuos, venimos así de serie, mientras que las mujeres (lesbianas y heteros) y los hombres heterosexuales no lo son, o lo son en menor medida. Sin embargo, la realidad es otra muy diferente.

Porque lo cierto es que esto, lo de coger con mucha gente, no es patrimonio exclusivo de los maricones; es, más bien, una seña de identidad de los hombres (tanto homosexuales como heterosexuales), al menos en esta sociedad. El compromiso, los sentimientos y las emociones son atributos tradicionalmente femeninos. El amor en sí, así como el romanticismo, ha sido desde siempre más propio de mujeres. Muy recurrente es el tema central de numerosas tramas de películas, series, canciones y novelas en las cuales mientras ella cree ciegamente en el amor, se imagina de blanco y espera que su novio le pida matrimonio, él siente un montón de dudas porque asocia eso de casarse, el compromiso por excelencia, a una especie de castración: una pérdida de virilidad. El hombre que se casa es un poco menos hombre. Recupera su hombría cuando es infiel o, al menos, así es cómo se percibe socialmente. Por eso el adulterio y la infidelidad es una práctica más frecuentada por hombres.

Y si a los hombres ya les cuesta reconocerse amando a una mujer, no les digo ya el trabajo hercúleo que se les presenta cuando el objeto de amor es un hombre. Óscar Guasch, un señor que es muy sociólogo, mantiene teorías muy interesantes al respecto en Héroes, científicos, heterosexuales y gays. Gracias a nuestra educación y socialización, los hombres tienen más predisposición a sentirse inseguros y a salir corriendo como alma que lleva el diablo cuando hablamos de amor y sentimientos; inseguridad que se duplica en el caso de que el objeto de amor sea otro hombre. No sólo estoy hablando de relaciones homosexuales, sino que quiero referirme también a ese otro caso tan típico de los dos amigotes completamente heteros que se muestran incómodos y que no terminan de reconocer expresamente que sienten amor el uno por el otro, aunque se trate de un amor meramente fraternal o amistoso.
Por mucho que nos guste alardear de cuánto hemos avanzado, aún está vigente la idea de que los hombres de verdad no quieren a otros hombres de verdad, no tienen sentimientos hacia otros hombres. Sigue siendo extraño ver a dos hombres manifestarse afecto mutuo y si lo hacen se subraya mediante gestos y distancia, “sin mariconadas”. Tal y como dice Guasch: La homofobia es mucho más que odiar a los gays. La homofobia es el temor de los varones a amar a otros varones.

Los gays también somos homófobos. Nos aterra admitir que amamos a otros varones en tanto en cuanto el mundo de los sentimientos, el romanticismo y el amor nos resta virilidad y credibilidad en nuestro papel de machos. Un papel que nos causa mucho estrés, puesto que los gays vemos cuestionada nuestra virilidad constantemente, desde que somos pequeños. Los maricones nos preocupamos muchísimo por cuestiones como la pluma y parecer unos machotes. La feminidad nos aterra tanto o incluso más que a los heteros. Y los machotes son, por definición, infieles y promiscuos, más sexuales; pero no porque sean más guarros biológicamente hablando, tengan que expandir su semillita, eludan natural e impulsivamente el compromiso y les guste garchar más que a las mujeres, sino porque el sexo, el placer sexual sin amor, ha sido tradicional y exclusivamente patrimonio masculino.

Así que la promiscuidad, la infidelidad, la soltería y eludir el compromiso se convierten en comportamientos que reafirman la hombría y la virilidad. 
Comportamientos que, tal vez, los gays exageremos y llevemos al extremo sólo porque se cuestiona nuestra hombría con más fuerza y con más frecuencia, porque albergamos una mayor ansiedad a la hora de acercarnos a la imagen del machote, no parecer nenonas y no ser tratados de modo despectivo.

Aunque, esto, claro, no es más que una hipótesis... 

Lautaro Anchorena.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Buena nota. Sugerencia: un botón aparte para las notas que no son sexuales. Ni con toda la onda del mundo se puede hacer una paja con ese análisis sociológico!! Pijazo.

Anónimo dijo...

Lautaro estoy completamente de acuerdo con vos. Creo que los gays debemos reconocer que es intrinseco a la nuestra vida el ser promiscuo. Aun los que se dicen monogamos tambien son promiscuos. Lo del matrimonio igualitario es pura politica igual que la pelicula secreto en la montaña. El amor entre hombres es muy dificil y creo que nadie le haya sido fiel a su pareja toda su vida.
Lo del amor gay es pura mentira. Las parejas se rompen enseguida porque te gusta el tipo que paso por la esquina o te lo encontraste en algun lugar. Si se presenta la oportunidad de tener sexo te olvidas de tu amor romantico.
Gracias Lautaro por decir la verdad y aceptemos lo que somos.
Ademas debo decir que yo fui promiscuo como todos aca, que estoy pagando por eso el precio de la soledad que me destroza. Pero mis compulsiones y las oportunidades que se me dieron servidas de sexo no las pude evitar.
Nunca pude amar en serio a nungun hombre. Esta es la verdad.
Alberto con hpv, adicto al sexo teteril y oral.
Lautaro quisiera que alguien escriba sobre la soledad después del sexo, en nuestro mundo gay.
Un abrazo a todos.

Anónimo dijo...

Tú lo has dicho, "no es mas que una hipótesis". La mía es que todos los homosexuales somos promiscuos. No sabemos ni queremos comprometernos en nada, solo en poseer ese objeto del deseo, la pija. Vamos a full por la vida, con absoluta inconciencia del tiempo. Y algún día llegaremos a viejos, estaremos solos, sin siquiera un chongo que nos atienda, y entonces comenzaremos a replamtearnos nuestras condutas. Pero será tarde. Incluso para adoptar un hijo, lo que muchos de mis amigos imaginan como ir a parque centenario y comprar un cachorrito. Asi de vacíos, superfluos y promiscuos somos. Claro que en mi caso también es solo una hipótesis....

Anónimo dijo...

la foto con la mano es el shopping de villa del parque. Muy buena tetera por la tarde... muuuy tranquila y solo hay q tener cuidado cuando van a limpiar, dsps no hay nunca seguridad ni limpieza en los baños.

Vengan!!

Anónimo dijo...

No se puede hablar de "amor" cuando todo se trata de lo sexual, y yo estoy convencido de que la mayoría lo es trauma de abuso de infancia yo fui abusado a los 9 una sola vez sobran ejemplos piazza freddie mercury etc el resto lo es porque les cabe la lujuria y tienen preferencia por hombres y otros se tiran cualquier cosa hombre o mujer

MarianoL dijo...

Muy bueno Lautaro. El tema es que en algún momento esto nos empuja a la soledad. EN mi caso necesito ser amado (¿Qué original no? je!)y mas de una vez como tanto puto me he identificado con las conchas en cuanto a enamorarme. Lo otro es que esta actitud de inseguridad lleva a poner distancia y a limitar a la hora de algo mas que sexo. Los putos mas que los varones hetero nos disociamos mucho mas y creo que es por temor a perder algo. Un abrazo. MarianoL