viernes, 4 de diciembre de 2015

Fabián: maduro, morrudo y con lubricante...


Fabian"Podía sentir como su mano se deslizaba con facilidad por todo el tronco de mi miembro hasta la punta del glande, que parecía estallar en cualquier momento de lo hinchado que estaba"




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Fabián, el maduro morrudo y de pelo en pecho, se había propuesto instruirme en los placeres del sexo entre hombres. Luego del candente encuentro en el monte, Fabián me invitó a ir un sábado por la tarde  a su casa, esta demás decir que el programa del día seria SEXO.

Vivía solo en una casa grande que había heredado de sus padres y estaba divorciado. Luego de entrar me invitó a sentarme en el sillón de la sala y sirvió un vaso de gaseosa para mí y otro de cerveza para él – Los menores de edad no toman alcohol – me dijo.

FabianLlevaba una musculosa que dejaba apreciar el pelo de su pecho, sus brazos fuertes y tostados por el sol (trabajaba como ingeniero agrónomo en el campo), tenía una bermuda de algodón fino y por el movimiento del enorme bulto que sobresalía parecía no llevar ropa interior.  Yo estaba nervioso, pero no asustado, solo pensaba en verlo desnudo y saciar mi apetito. Se sentó a lado mío,  rodeó mis hombros con su brazo y me miró los ojos acercando su rostro al mío lo suficiente como para sentir su aliento de macho.

  • ¿Con cuantos estuviste? – me preguntó, haciendo referencia a la cantidad de amantes en mi haber, le respondí que solo con mi amigo y con el/ellos, ese día al otro lado del arroyo.

  • ¿Te gustaría probar más cosas?

  • No sé, tal vez

  • Sí- le dije. Lo próximo que sentí fueron sus labios en mis labios y el roce de su barba negra y espesa en mi cara, mientras su enorme mano se deslizaba por mi espalda pasando hasta mi cola intentando amasar mis glúteos.


Su beso era cálido, pero suave al igual que su lengua que masajeaba el interior de mi boca, poco a poco se fue poniendo más caliente, hasta el punto que parecía que trataba de engullirme, yo estaba rígido y al palo, sin saber que hacer más que dejarme llevar por él. Me besaba el cuello, detrás de las orejas (me volvía loco sentir su respiración sobre mi), bajó por mi pecho quitándome la remera y me pasó la lengua por los pezones (la primera vez que sentía tal placer en esa zona) llegó hasta mi cintura y paralelamente se quitaba la musculosa y me quitaba las zapatillas y  la bermuda, quedando yo solo en bóxers. Sus manos se paseaban en todo mi cuerpo, desde el masajeo en las piernas hasta caricias en el cuello, y si bien esas manos eran ásperas (seguramente por su trabajo) su toque era suave y gentil.  - Vamos a un lugar más cómodo – me dijo, llevándome a su habitación.

 

Me tendió en la cama y se abalanzo sobre mí, - podes tocar si queres – me insinúo, solo ahí deslicé mi mano hacia su entrepierna y palpé su cálido, voluptuoso y ya erguido bulto (confirmé la ausencia de ropa interior). Finalmente me sacó el bóxer con los dientes y se paró al pie de la cama, para apreciar de lejos mi anatomía desnuda sobre su lecho, esbozó una sonrisa y se quitó la bermuda, quedándose unos segundos de pie frente a mí, mostrándome toda su desnudes. Se acercó a su mesita de luz y sacó  un tubo de lubricante -¿lo usaste antes? – me preguntó de manera retórica, se puso un poco en los dedos frotándoselos y se los llevó a la boca saboreando el lubricante, luego se subió a la cama y se sentó encima de mi vientre sonriendo, dejando su enorme y duro pene sobre mi pecho, ya con más confianza yo posé mis manos en sus muslos peludos y musculosos, y él llevó esos dos dedos humedecidos (por el lubricante y su saliva) a mi boca invitándome a degustar, tenía un gusto dulzón y un poco sintético, Fabián agarró nuevamente el tubo y vacío una cantidad considerable en sus dos manos, se acomodó de rodillas entre mis piernas y con una mano comenzó a masturbase mirándome de frente y con la otra me embarró de lubricante, fue una sensación extremadamente placentera, podía sentir como su mano se deslizaba con facilidad por todo el tronco de mi miembro hasta la punta del glande, que parecía estallar en cualquier momento de lo hinchado que estaba, luego de unos minutos en el juego, vació más lubricante en mí y con sus dos manos empezó a frotar toda la zona, deslizaba sus manos por mi pene, Fabiánpor los testículos, el perineo y sus dedos tanteaban con gran habilidad mi orificio fluyendo cual tentáculos que intentaban entrar. Finalmente me dio la vuelta y me puso en cuatro patas – relájate- me decía al oído con esa voz rasposa que aún me calienta, al mismo tiempo moldeaba mi postura con sus manos, dejando mi cola empinada y mi rostro en la cama.

Me llenó la cola de lubricante y se arrodilló detrás de mí, Lo próximo que sentí fue como su pija se deslizaba dentro de mí con una gran facilidad (a pesar de doler un poco). Que placer más grande sentir que entró en mí como cuchillo a la manteca, abriendo todo a su paso, una y otra vez, primero suave y hasta cariñoso pero gradualmente aumentando la fuerza y la rapidez, y luego prácticamente golpeando con fuerza mis glúteos en cada embestida. Luego de unos minutos paró y me dejó en esa posición pero tomó mis dos brazos y me los puso en la espalda espalda sujetándome de las muñecas, se puso de pie sobre la cama flexionando un poco sus rodillas para penetrarme y me advirtió: Si te duele me avisas para parar.

 

FabianFue la primera vez que sentí de verdad como me metió toda su pija hasta el fondo, la sensación era nueva, yo solo gemía pero no de dolor (el tipo sabía lo que hacía), metía y sacaba con fuerza, bombeando sin parar, su sudor chorreaba sobre mi, cayendo algunas gotas sobre mi espalda y recorriendo luego todo el camino hasta mi cuello, su pija entraba con facilidad hasta el fondo y yo sentía una leve punzada cada vez que la metía toda hasta el limite, así estuvo varios minutos y no pude más, era tanta la calentura que en una de las embestidas eyaculé sin siquiera tocarme, sentía que me ahogaba en placer.

Fabián no quiso acabar, pero parecía satisfecho, sonreía, me dejó relajarme recostado sobre su pecho y me dijo – No quiero acabar con vos todavía, así tengo excusa para que vengas de visita otra vez-
Después de llegar a casa, (con un poco de  dolor y molestias) solo podía pensar en volver a visitarlo una vez mas...

 
Leé también del mismo autor: "Mambos en la cama".

4 comentarios:

Mariano Lelez dijo...

Uy amigoooooo!!! me cambiaste el nombre y la profesión? Soy yo ese Fabian!!!!! jajajajaj. Parece que todos los maduros operamos de la misma manera con los pibes medio nuevos.Se me paró recordando mil situaciones pero me dio cosa, pues pense que era único, y buee... (chaaan)

Fq dijo...

uuufff! cómo me gustaría encontrar un chavón así, tengo 22 y me encantan los ositos maduros!

ivan mon dijo...

Chan chan Chan! me estas tentanto ja!,
evidentemente (y afortunadamente) la experiencia a algunos les viene con los años, nada mejor que un maduro que ha sabido capitalizar las camas que ha tenido, Abrazos!

Milito dijo...

Hola. Si te interesan los maduros, escribime a negromilo@live.com.ar. Yo tengo 50 años, casado con una mina. 1,83, 88 kg, morocho con canas, pelo corto, bien peludo, buena pija. Un abrazo.