martes, 18 de septiembre de 2018

Follando en la calle / Fucking in the street (2ºdia/última parte)





(Continuación)

 Hey, man! - oí que como una voz masculina llamaba a alguien por detrás mío.

La noche estaba muy avanzada y pasaba mucho de la hora en que la mayoría de los locales habían cerrado. No había prácticamente casi nadie por las calles.
La llamada sólo podía provenir del único tío que acababa de ver, sin prestar mayor atención, al otro lado de la calle y el "man" al que se dirigía debía ser yo.

Me giré y vi como aquel tío que con sus pantalones cortos, sandalias y camiseta en mano, a paso ligero, venía hacía mí.
Tal cual, si bien le faltaba la toalla y demás bártulos, de ser a pleno día, hubiera parecido que venia de la playa

-Hey, man!- volvió a decir una vez vió que había conseguido mi atención.
Era un tipo joven, bajito, entre 20 y 25 años, vivaracho en su manera de andar, de piel blanca uniforme e inmaculada, sin un ápice de vello, músculos suavemente marcados y claramente extranjero.
Debía de haber llegado ese mismo día, o debía de ser inteligentemente cauto al tomar el sol, porque no mostraba ningún rastro del rojo gamba tan típico de los turistas recién llegados.
Eso, o que la iluminación nocturna de la calle lo disimulaba.

- ¿What are you doing here?- me preguntó cuando llegó a darme alcance.
- I'm going to my hotel... to sleep - le contesté desempolvando mi rudimentario inglés, a la par que un tanto sorprendido de la pregunta. Pocas cosas se pueden hacer en la calle a esas altas horas de la madrugada.

El tío quedó como extrañado.

- Que fais-tu ici?- preguntó esta vez en un francés con buen acento, dejándome descolocado de su posible procedencia y hundiéndome en la miseria por mi presumible terrible acento, al no hacerme entender en un inglés tan básico.
- Maintenant, j'vais à mon hôtel pour dormir en peu - le contesté en francés, con cierto alivio de poder comunicarme con más comodidad, si bien no quiere decir que lo domine, me resulta más familiar e inteligible.
- Et toi?- le pregunté.
El cabrón volvió al inglés, y lo que deduje, más que entendí, era que se iba para su hotel pero que no se acordaba donde estaba.
Me sorprendió bastante.
El tipo no tenía pinta para nada estaba borracho. Ni se tambaleaba al andar, ni balbuceaba al hablar, ni le olía el aliento, ni tenía los ojos vidriosos ni la mirada medio perdida.

- You are a sexy man !, exclamó de repente, no dejando de caminar.
Y yo casi me muero, no ya por lo que me dijo, aunque por lo cual ya pensé fijo que algo se había tomado, sino por aquella irresistible, preciosa y sensualísima sonrisa profiden con la que acompaño sus palabras.
-You too- respondí, con el mínimo posible de palabras para evitar tartamudear y disimular que el corazón se me aceleraba.
-¿Querrá rollo?- pensé. No sabe donde tiene el hotel (¿Será porque quiere venir al mío?) y me dice que soy sexi, todo eso a las cuarenta de la madrugada, sin ni Dios por la calle.
Al tiempo que le respondía y pensaba, aproveché con cierto descaro a presionarle uno de sus pezones que llevaba al aire.
- Mmm...- surgió de sus labios - and hot!- añadió.

Al llegar a la primera esquina, me cogió del brazo y me hizo seguirle unos pasos hacía dentro del callejón, apenas unos metros, lo suficiente para no molestar al paso de posibles aunque improbables transeuntes que aquellas horas andarán perdidos o de vuelta a su guarida.
La calle, más bien dicho plaza, estaba en obras, y en paso lo habían estrechado a parte de la acera.




El callejón visto desde la calle principal
 y a la derecha el límite de la cristalera. 

El guapo y seductor inglesito se apoyó en el punto donde acababa la cristalera de la tienda y comenzaba la pared del callejón.
Me invadió el deseo irrefrenable de "comérmelo" y me lancé a ello comenzando por los pezones.
El tio, no creo que nada sorprendido, comenzó a gemir.
-Oh, yes suck it !- decía.
Aquella suave y delicada piel clamaba atenciones por todos sus rincones.
Mi lengua comenzó a subir por su pecho, mientras mi mano no dejaba desatendido sus pezones.
Lamí su cuello y al llegar a la boca le besé.
Un morreo breve, seguido de tres o cuatro besos que fueron descendiendo hacia su axila, que ya había dejado al descubierto.
 Y los besos se convirtieron en lametones a lengua completa.
- Yeees, lick me, lick me !- susurraba entre suspiros.

La temperatura crecía exponencialmente.
Para ese momento también yo me había quitado la camisa.
- Lick, lick !- no dejaba de pedir con ansia casi suplicante.
Yo me afanaba en ello.

El muchacho comenzó a desabrocharse el pantalón, y estos cayeron al suelo dejando al aire verse una preciosa, bien proporcionada y sonrosada polla, que destacaba con un toque discreto de color sobre el resto de su piel blanquecina.

Claramente quería más, y yo no podía rechazar catar aquel manjar que se me ofrecía.
Me daba mucho apuro arrodillarme a mamar tan cerca del paso principal, en la que cualquier persona de paso, casi sin necesidad de girarse podía vernos, ya pues si bien aquello era un callejón, la luz abundaba, y como pude comprobar minutos más tarde, rincones de penumbra no existían.

Pero allí estaba, enhiesta como un mástil en espera del roce de mis labios.
No me arrodillé, pero si me incliné para, al menos, saborearla unos instantes.
- Pura ambrosía que desde la vieja Albión enviaban sus dioses para hacer olvidar su injusta fama de pérfida!- pensé, cuando al tacto noté su jovial virilidad.

Pero unas voces que se acercaban rompieron el mágico momento.
Me incorporé en cuestión de segundos y él se adecentó en la medida de lo posible, básicamente subiéndose los pantalones.
Yo, por raro que parezca, aún los llevaba bien sujetos.
Pasaron las voces. Ignoro si se dieron cuenta de nuestra presencia.

Él sí se percató que, viendo que íbamos a mayores, aquel lugar resultaba poco discreto, si bien no tenía muy claro si ello le preocupaba demasiado.




Detalle del fondo. En el momento
 de los hechos no estaba
 el saco de escombros

- Come, follow me ! - me dijo una vez ya pasó la gente, saliendo a paso ligero todo pizpireto hacia el fondo del callejón.
No había portal alguno que ofreciera resguardo y la iluminación era la normal de cualquier calle.
Poca intimidad pues prometía el lugar, sólo que un poco más apartados de la entrada.

Y al llegar al fondo, continuamos donde lo habíamos dejado.
Ambos esta vez dejamos caer nuestros pantalones, y no eso, sino que nos los quitamos, yo volví a comerle la polla, esta vez sin tanto recato ni atención de lo ocurriera alrededor y él gimiendo y suspirando sonoramente.

Al cabo de un rato de mamada desenfrenada, él se retiró un poco hacía atrás y se puso a observar un poco en la distancia.

-Oh, sexy man !- brotaron de nuevo aquellas palabras, a través de sus rósaceos labios y de aquella  pícara y sensual sonrisa que me desarmaba por completo.

- Take off your panties! - dijo, a modo de orden.
- What ?-  pregunté, más que nada para asegurarme de lo que me había parecido oír.
- Your panties, take off them!.
- No!- contesté, meneando de una lado para otro la cabeza. Con lo que me ha costado aprender el palabro jockstraps, va este y me lo cambia por panties!.

Obviamente este no era el motivo de mi negación, sino que ya me sentía suficiente desnudo, para quitarme del todo lo único que me quedaba, ya a la altura de los tobillos.
Él, el pelota picada, insistía, con aquella sonrisa que me volvía loco.

-Please, take off your panties!.
- Que pesadito- pensé.

Viendo que no me bajaba del burro, y con un gesto de fastidio y resignación volvió a acercarse a mí a continuar con los magreos, mamadas y lametones.
Comenzó luego la palpación de nalgas y la búsqueda de mi agujero negro.

Un farfullo ininteligible para mí salió de su boca, de lo que lo único que pillé fue 'ass' y 'fuck', por lo que no necesitaba mucho más para saber sus intenciones.
Y al poco ya estaba yo de espalda a él, con el cuerpo ligeramente inclinado, ofreciendo mi culo hambriento que tan poco había podido disfrutar aquel día, esperando un poco de alegría británica.
La actividad del dia anterior, con sus cinco polvos, tuvo su buen efecto al permitirle el paso sin problema ni dificultad alguna a aquella blanca y vivaz estaca sedienta de placeres.

Si hasta ese momento, el tono se había movido entre suspiros y gemidos contenidos, el vaivén que siguió y un tenaz metesaca, desató la expresividad del buen mozo.
Lo que había sido sonidos discretos, se convirtieron en ruidosos gruñidos y enfáticas exclamaciones.

Vamos, el típico monólogo (yo mantenía el tono de gemidos en baja escala) de una película porno en pleno folleteo: Oh!, yes!, yeah!, sexy, my god!, fuck, ass, god boy, etc, etc...

A la par que disfrutaba como perra en celo, me sentía muy abrumado que la escandalera del muchacho llamara la atención a algún vecino insomne.

Como así ocurrió.

Unos gritos a pleno pulmón surgieron de la nada, retumbando en el callejón y llegando claramente a nuestros oídos, destinatarios del mensaje.
Apresuradamente nos recompusimos y literalmente salimos por patas, al menos a la velocidad que caminar poniendo y subiéndonos los pantalones, y las chanclas nos permitían.
No eran insultos, sino más bien "amables recomendaciones" de ir a hacer esas cosas a otros sitios más apropiados, y yo lo comprendía.
El inglés no dejó de replicarle en su lengua y francés indistintamente, si bien en la lengua de Molière solo decía Je ne comprends pas.
Al vociferante no le eran necesarios improperios, pues al llegar a su altura, nosotros dos pisos más abajo a ran de calle, claro, nos llegó su última sentencia: "Como saqué la escopeta y te pegue un tiro en la cabeza vas a ver". Vamos, que el tipo se quedó a gusto.

Incorporados ya a la via principal, él seguía queriendo marcha y a cada portal o calle lateral que veía se acercaba, si bien sin éxito alguno.
No había rincones posibles para seguir con el desenfreno.
Y yo no quería llevármelo al hotel, básicamente porque en la recepción del mismo estaba por escrito las normas en la que prohibía de manera explícita la entrada de acompañantes.

- ... friends... hotel ! - pillé entre varias palabras que de repente dijo cuando vió a un pequeño grupo de tíos en la penúltima calle que quedaba por llegar a mi hotel.
Apresuró el paso, avanzándome, y dirigiéndose a hablar con ellos.
Supuse que había reconocido a algún amigo suyo que le ayudaría llegar a su hotel.

Pero no me quedé para comprobarlo.
Para descansar de tan singular noche, apenas me quedaba cien pasos y una esquina más.

Fin.


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