miércoles, 12 de septiembre de 2018

Intromisiones ( 2ª noche - 2ª parte )






(Continuación)



Cuando llegué al Qüero me sorprendió no encontrarme al barman de los dos años anteriores.
En su lugar, me abrió la puerta y convidó a entrar un hermoso ejemplar de macho osote.
Tal vez hubiera traspasado el negocio, no sabía, o tal vez el otro chaval libraba.

Dejé los pantalones cortos y la camisa sin mangas en una de las taquillas, y me quedé sólo con mis jockstraps y deportivas, y sin mucha demora, cerveza en mano subí a la zona de cruising y juegos.
Estaba casi todo estaba igual, excepto que en el piso de arriba, en la zona de cruising y juegos había desaparecido la mampara que compartimentaba el espacio del sling, así como un par de travesaños del lado opuesto que dejaban ver, demasiado bien ahora, el video porno.
Tan poco cambio, pero daba un poco más de sensación de espacio.



Mientras observaba los cambios, un joven alto treintañero comenzó a liarse conmigo a nivel de pezones, pero enseguida se acerco un tío de aspecto vagamente moruno, pequeñín y buenete, que comenzó a comerme la polla.


Reconozco que lo hacía divinamente, cosa no muy habitual, y consiguió acapararme, dejando de lado el interés por el poco brioso pezoneo del alto mocetón.
Al punto que mamaba de maravilla y acabé follándole bien la boca , con su movimiento pélvico, obviamente, hasta decir basta.

Nos alternábamos, eso sí, aunque yo sólo mamaba, sin que él me llegara propiamente a decir follar la boca, pero cuando me tocaba el turno, le imprimía a aquella rica y experta boca todo tipo de ritmos.
Duró mucho rato y casi me moría por follarle también el culete que tenía, redondo, pequeño y adorable.
Pero antes se cansó de tanto trajín.

Cuando al cabo de un rato volví a subir, me senté en el taburete bajo, entre el video y el sling.
No sin los tipicos dudas y recelos un tipo morboso se acabó acercando, pero cuando apenas había comenzado una mamada, vino otro, le tocó los pezones y se agachó a compartir polla conmigo, cuando apareció un tercero y se interpuso de pie en medio de la mamada y me lo quitó.
- Qué cabrón! - pensé, estas cosas se hacen más sutil y sensualmente, y no con todo el morro metiéndose entre los dos ( el otro sí que pudo seguir mamando ).
Pero bueno, no le dí más importancia.

Bajé a por una segunda cerveza.



Recordé la respuesta que me dió un feisamigo y amigo bloguero, cuando me quejé que el año anterior había habido más sexo, pero menos morbo que el primer año.
- Seguro que encontrarás la manera de crearlo! - me contestó.
Una sabia respuesta, ciertamente, que enlazaba directamente con el dicho de "Si algo quieres, algo te cuesta", y que, al menos en un 50% depende de la actitud de uno mismo.
Si las cosas no son, haz que sean!.

Así que cuando subí de nuevo, me tumbé en el sling y me despatarré.
Dejé cerveza, condones y lubricante en el taburete de al lado y a esperar. Mi cincuenta por cierto inicial estaba hecho.
Y así, de esa guisa estuve un buen rato. Ni uno de los pocos tipos que subían se acercaban, no sé si porque no me veían o les cortaba tanta disponibilidad desvergonzadamente y accesiblemente expuesta.
Doy fe que cuando me encuentro en una situación semejante, me corto y me da apuro "aprovecharme" de la situación.

Pero cuando dos tíos, por fin, se acercaron no fue para prestarme atención, sino para liarse justo allí delante mío, casi se podría decir que entre mis piernas, impidiendo el posible acceso de cualquiera.
- Mecagüen la puta ! - Otra interposicion? - Manda huevos!- pensé, al ver que no hacían el menor movimiento de darse por enterados que ahí molestaban.
Baje y me fui.

Al cabo de un rato subí de nuevo.
Ví que se había formado un grupo de macizorros todos ellos.
Un par mamaban, y cinco o seis esperaban ser atendidos. Mucho jaleo para más.
Me quedé un rato de voyeur, que a veces también me gusta contemplar la belleza de las escenas, y así estuve hasta que el grupo, y por ende el encanto, se deshizo.
Quedo alguno, tres, si bien dejaron de hacer nada entre ellos.
Un rato después me acerqué al trío de machos inactivos y cuando me decidí a meter mano a uno de ellos, se dejó, cosa que me sorprendió,
Y no va, que se acercó uno, me apartó la mano con total descaro y se me puso en medio.

Porque no creo en la violencia sinó le hubiera partido los piños ahí mismo, y reventado el cráneo contra la pared hasta sacarle los sesos (¡Es broma, eh!).
Tuvo suerte que soy pacífico, jeje...

Pero era la tercera vez en la misma noche, y en el mismo lugar que se me ponían en medio literalmente para joderme el plan.

Porque no me fijé, pero no me extrañaría que hubiera sido el mismo tipo siempre.

Cuando la gente te quita a alguien lo hace mas delicadamente y con cierta aceptación del tercero.
En fin... Realmente no estaba enfadado, pero si sorprendido y algo mosqueado, y pensé que allí, aquella noche en el qüero, ya no era para mí.

La moraleja de la historia es que, aunque dependa de uno al 50% que ocurran cosas, aún dando los paso necesarios, no siempre salen como se uno se espera.

Próximas paradas de la noche. Men's Bar y Querell.
¿Pasaría algo interesante, pero sobretodo, satisfactorio?

(Continuará)






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