domingo, 4 de septiembre de 2011

Putos pensamientos: volviendo... sobre el eterno retorno.

"Los homosexuales somos como estos peces. Uno les da de comer
y se ponen como locos.  
Cuando ya no hay más comida desaparecen. 

Un reciente compañero pensante me ha dicho algo muy acertado a modo de comparación, al ver cómo decenas de peces carpas se amontonaban desesperadamente, en un intento poco probable por recibir algunos míseros gránulos de alimento que rápidamente reconocen cuando perciben -no sabría de qué modo- alguna mano generosa que esté dispuesta a proporcionárselos. "Los homosexuales somos como estos peces. Uno les da de comer y se ponen como locos. Cuando ya no hay más comida desaparecen, pero vuelven de la misma manera en que se fueron, porque no tienen memoria."

Las minorías sexuales padecen la necesidad de sobre-exigirse ante la condicionalidad social que las caracteriza. Cuántas veces hemos oído decir que los gays son los más serviciales y terminan ocupando cargos de atención al cliente, logrando resultados satisfactorios para estas funciones. Es tan increíble como saber que pueden repetir todo un sistema de frases con la mayor prolijidad posible una y otra vez. Suponiendo que estos sean aspectos generales del maricón-medio, consideremos otra arista de la instantaneidad repetitiva.

Si bien esta cuestión está más orientada hacia el círculo vicioso de la homosexualidad, otros también podrán ver claramente lo que se plantea aquí. ¿Cuántas veces han vuelto a nuestras vidas personajes que parecieran tener la memoria de una carpa? ¿Con cuántos individuos nos hemos topado en el chat, o en el boliche y se nos han acercado como si el eterno retorno nietzscheano nos jugase una paródica broma?

Tiendo a creer que no soy un punto muerto por poseer un sentido de la historia dentro de un complejo de relaciones que ya han perdido cualquier contacto con el concepto del tiempo, al más crudo estilo de "1984" (novela de George Orwell).

Estoy más que convencido de que algunos de ustedes han tenido que toparse con gente y hacer que nada ocurrió. Pero yo no puedo evitarlo, tengo que ir hacia lo más drástico para segmentar cualquier posibilidad de algo que considero sumamente ridículo.

Cuando alguien tiene esta particularidad de insistir una y otra vez sobre determinadas experiencias, le recuerdo todas las situaciones anteriores por las que ha tenido que pasar en su intento por acercárseme, de manera que pueda causar en él pánico y humillación. Aprendí tan grata cualidad una vez en una discoteca muy famosa de la Capital Federal cuando le dije a un muchacho que lo recordaba de una situación que él no quería rememorar y en la cual yo era un mero observador, prácticamente invisible de todo ese cuadro patetiquísimo. No cabe aclarar que, luego de mi encantandor relato retrospectivo, este personaje huyó con cara de espanto. Por supuesto que posterioremente nos hemos visto en viarias oportunidades en el mismo lugar, pero ha preferido no saludarme y olvidar para querer seguir comiendo.



Fuente: blog Perdí mi dignidad (2007-2008)

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