martes, 9 de abril de 2013

Analidad placentera. Mi ano y tú ano.


El sexo anal para hombres es muy placentero. Y no me refiero solamente al sexo gay. Si crees que el sexo anal para hombres, por hombres es una ‘perversión’ de este último siglo, te equivocas. El sexo anal es tan antiguo como el sexo vaginal y otras prácticas sexuales.

Penetrar en el ano a un hombre heterosexual no es moda ni tendencia, pero sí tiene las etiquetas de ‘tabú’, ‘prohibido’, ‘cosa de maricones’ y otras más bien pegadas, producto de la estrechez mental de una sociedad que le teme a lo que no conoce.

Los que disfrutamos nuestra analidad cotidianamente podemos introducirnos todo tipo de elementos e incluso una buena pija, sacando goce hasta del dolor. La persona que está con vos al momento de la penetración tiene que ser de tú absoluta confianza, creo que este es el secreto mayor a la hora de que te rompan el culo. NO es lo mismo estar con alguien que sabes que te hará gozar y cuyo principal objetivo es que AMBOS pasen un buen monento a estar con otro que quiera clavarla a toda costa. En este último caso lo mejor es sentarse uno encima dominando la situación para cuando llegue la envestida final.

Un hombre no deja de ser hombre ni se vuelve gay porque se introduce un dedo o un vibrador en el ano. Nadie puede ‘volverse gay’, se nace gay. El sexo entre hombres, no necesariamente implica siempre la penetración anal, es más complejo de lo que los prejuicios nos dejan pensar.

El hombre tiene la capacidad de experimentar el placer anal y de una manera pasiva mediante la estimulación del punto P o punto G masculino. Así es, una de las zonas erógenas más importantes del cuerpo del hombre está en su ano, ése al que tanto teme.

El punto P no es otra cosa que la próstata, al cual se accede a través del ano, y si se le presiona con cuidado, puede hacer que eyacules de inmediato sin necesidad de tener un orgasmo. Por lo que si, si le sumas a la estimulación del punto P, la estimulación anal, y el sexo normal, el resultado es un cóctel explosivo de placer… ¿qué estás dispuesto a dejar de probar?

Gabo Arancibia

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