martes, 9 de julio de 2013

Lisette: ama y generala de las teteras en los '70

Había en muchas estaciones –como en la de Belgrano R–,
regentas cuyo título no estaba dado por su pertenencia a un estrato social superior
ni por la simulación de esa pertenencia. Tampoco por la belleza.
Por Flavio Rapisardi - ¿Sólo sexo impersonal y anonimato en los baños públicos? No necesariamente. Había un variado número de teteras y la práctica privada en esos interiores tenía muchas formas. Las del centro, limpias y colmadas, se especializaban en masturbaciones y felaciones apresuradas, y convocaban a oficinistas, ejecutivos y flaneurs perversos, en busca de rincones aún no visitados.
Otras más lujosas pertenecían al circuito VIP de la avenida Santa Fe –de Pueyrredón a Plaza San Martín–, o de Florida, desde el Garden a la Richmond. En estos circuitos, un chico venido de los barrios podía atraer la atención de algún señor con cierta clase que, casi siempre, se retrasaba en los espejos, acomodándose la corbata y mirando al joven de reojo. Con suerte, la aventura podía terminar en un departamento del Barrio Norte y ser el inicio de una relación de amantes o de servicios rentados esporádicos.

 En los baños de las estaciones de tren, más proclives al coito, y sobre todo en sus adyacencias ociosas, se instauraban redes humanas inestables. Al amparo del buen aire de los andenes se habían formado algunos círculos sociales entre habitúes de varias edades y clases sociales, ya cansados de hacer cruzas entre ellos. Mientras esperaban la llegada de clientes nuevos, intercambiaban bromas, datos y consejos. Se conocían los nombres o se inventaban apodos. Y, si bien nada los unía, más allá de esas rutinas de las estaciones, su solidaridad era similar a la de un grupo organizado que comparte un oficio y una experiencia determinada, y en el que a veces surgían caudillos.

 Así como se formaban espontáneamente, algunas de esas redes de habitués ponían en funcionamiento cierto orden de jerarquías. Había en muchas estaciones –como en la de Belgrano R–, regentas cuyo título no estaba dado por su pertenencia a un estrato social superior ni por la simulación de esa pertenencia. Tampoco por la belleza. Su origen era producto de una audacia particular que se tenía en forma innata o se adquiría en el yiro de los andenes. La Lisette del graffiti, aquella “ama y generala de las teteras”, por ejemplo, había logrado hacerse de un derecho de feudo gracias a su arrebatadora presencia –su sobre-actuación– y al dominio que ejercía sobre los asustados participantes, que por su culpa a menudo escapaban de los baños como ratas.


Cuenta La Richard:  “Como la mayoría de las regentas, La Lisette era inteligente, creativo, mentiroso y autoritario. Creativo con los graffiti, ingenioso y venenoso con la lengua. Mentía en cosas ridículas. Por ejemplo, una vez contó que había conocido a un chongo superdotado, que lo había invitado a su mansión y que todo el piso del salón, que tenía como veinte metros, estaba hecho de una sola pieza de mármol. Todos fingíamos creerle, porque de otra manera empezaba a los gritos y los golpes. Cuando entraba a la tetera alguien que le desagradaba –por algún motivo o sin motivo–, lo sacaba a empujones.

Uno se atrevió a desafiarlo y una noche se metió en el baño. Uno de los súbditos de La Lisette la llamó y se lo contó. Para qué: la loca se fue disparando y terminó metiéndole al pobre tipo la cabeza en el inodoro turco. Ninguna regenta invadía el territorio conquistado por la otra. Pero yo muchas veces hice de embajador itinerante. La Lisette manejaba al baño como su reino. Apenas llegaba, empezaba a palmear las manos, dar órdenes y exigir explicaciones. Se aprovechaba de que la mayoría de las locas necesitaban desesperadamente el silencio.

Todos teníamos más o menos la misma edad. Quizás alguno pasaba los treinta, pero viejos no permitíamos, y hasta los hostigábamos en aquellos baños. En eso éramos muy de segregar. Estaba La Pingüino, La Betty Boop (que tenía la costumbre de pegar grititos, de ahí le quedó el nombre). Tiempo después me invitaron a una fiesta en un piso paquetísimo, frente al Círculo Militar, y de pronto me presentan al dueño de casa... era nada menos que la Betty Boop. Me pidió que no hablase de las teteras, porque ahí iba a ser un quemo.

A La Lisette la vi por última vez en una especie de taller de costura del barrio de Once, donde hacían trajes para vedettes, espaldares de plumas. Me dijo que estaban confeccionándole el vestuario para su debut como estrella principal de una obra de teatro. Otra mentira”.

Flavio Rapisardi.
(Es activista gay, uno de los autores de la Ley de Unión Civil, ex pareja de Carlos Jáuregui y candidato a diputado por el Partido Comunista)

9 comentarios:

Anónimo dijo...

che pero no entendi bien... eso era para todos los que iban? O sea les cobraban o cosas free con tipos que no cobraban habia???? como pasa ahora dio... o eran todos taxys y clientes los que iban a los baños?

Anónimo dijo...

no me gusto la nota.... esto no es arte ni lugar para poesia.

Esto es sexo... esto es sacar la chota y pajearse adelante de alguien en una estacion de tren...

Anónimo dijo...

me encanto la nota
exitos en las elecciones!

Anónimo dijo...

A quien mierda le puede importar la vida de una loca mas?, acá queremos porongas y leche, para mariconadas esta el ambiente, gracias.

Máximo G. F. dijo...

Recuerdo los que (tal vez) serían los últimos rastros del paso de Lisette por las teteras de las estaciones del tren San Martín, a mediados de los ochenta: algunos escritos suyos en las paredes. Nunca pude conocerla. O si la vi alguna vez, nunca se dio a conocer.

Anónimo dijo...

Yo empecé por esa época en los baños. No conocí a ninguno de estos presonajes. Rondaba los baños de Retiro y Constitución, donde levantaba chongos laburantes calientes que le gustaba dar verga a un pendejito bien sumiso. Generalmente ahi mismo. Fue una época muy disfrutada por mí (y seguramente por los chongos ...jajjajaja)

Anónimo dijo...

Esa fue la verdadera epoca de las teteras los 80 y los 90 . Ahora estan muchas cerradas , se perdio la costumbre y hay controles tambien

Anónimo dijo...

concurria en esa epoca a estos lugares vi los graffittis , pero nunca tuve el gusto de conocer a estos pseudomadamas

Anónimo dijo...

Yo conoci a La Lissette en los años 80. Yo era adolocente y frecuentaba la tetera de la estacion 3 de febrero de la linea mitre. Yo no me prostituia pero me encantaba levantarme chicos mas grande de 20 y pico (yo tenia 17).
Nuna fue agresiva conmigo y me hizo un pete una ves de una calidad que nunca olvidare. Y si se contaba historias, todos lo haciamos eran tiempos dificiles y a nadie jodia vivir con un poco de fantasia.