viernes, 8 de noviembre de 2013

Fantino: Pedofilia, secretos y dolor

El secreto de San Isidro es la crónica de la doble faz
del profesor Peter Malenchini, de los encubrimientos
de autoridades y padres y de la sexualidad reprimida
 y sesgada de la clase alta en los años setenta.
Dicen que el tiempo cura todo. No se imaginan cuánto me rebelé contra esa afirmación anoche mientras veía “Animales sueltos” (América). Suponer que la simple sucesión de amaneceres y anocheceres sana los dolores del alma, cualquiera sea el daño padecido, es de una liviandad intolerable.

Quien haya visto ayer el programa de Alejandro Fantino coincidirá conmigo en que además de mentiroso, es inmoral dejar en manos del calendario las heridas de un niño abusado sexualmente. 

A propósito del lanzamiento del libro del periodista Nicolás Cassese, “El secreto de San Isidro. Una historia real” (Sudamericana), se demostró allí que el padecimiento de la víctima de un pedófilo no prescribe. Y ni siquiera se alivia si le guarda bajo un cono de silencio.





El libro de Cassese reconstruye la historia de un grupo de hombres que en su infancia fueron abusados por Peter Malenchini, un profesor de plástica del colegio de San Isidro San Juan el Precursor, y que 30 años después decidieron sacar a la luz lo sucedido a principio de los ’70. Junto al autor estuvieron en “Animales sueltos” dos ex alumnos del docente pedófilo. Ellos no fueron víctimas de sus abusos sexuales en la infancia. Entonces, ni siquiera supieron que Malenchini — “el carismático, el que organizaba los campamentos, el que cambiaba la rutina de los profesores aburridos”, lo describieron—abusaba de algunos de sus compañeros. Si en aquella época les hubieran preguntado por Malenchini, habrían respondido, sin miedo a equivocarse, que además de un tipo encantador y talentoso artista plástico, era un héroe. A esa categoría lo habían ascendido durante un viaje a Bariloche. “Un grupito de alumnos nos perdimos en un cerro— recordaron—. Se hizo de noche. Y a las 03.30 A.M, quien nos encontró, acompañado por un baquiano, fue Malenchini. Era un héroe”.

Aquellos chicos se hicieron hombres y decidieron que el 25 aniversario de egresados merecía una celebración. Consiguieron reunir a casi todos los de la promoción para armar el festejo. En eso estaban cuando uno de ellos, Charlie, se paró y vomitó el dolor que nunca había cesado. Lo dijo así, de un latigazo: “Yo no tengo hijos, pero no quiero que esto les pase a los hijos de ustedes: a mí, Malenchini, me garchó durante 3 años”. Un rayo de desilusión los fulminó. Al desconcierto le siguieron el asco y la indignación. El secreto había sido derrotado por las palabras. Y Charlie ya no estaba solo.

Hombres de bien, sus ex compañeros decidieron actuar. Recabaron datos. Descubrieron que Charlie no había sido la única víctima del profesor pedófilo. Hicieron pegatinas en las escuelas de la zona Norte para desenmascarar a Malenchini. Buscaron asesoramiento jurídico. En 2004, recalaron en el programa “Código penal”, que conducía Rolando Graña por América. Sorprendieron a Malenchini con una cámara oculta, donde admitió haber cometido los actos aberrantes.

Nicolás Cassese no había nacido en los ’70, pero cursó sus estudios en San Juan el Precusor. Aquella noche de 2004, vio el programa de América. “Me impactó la construcción del secreto —declaró ayer en “Animales sueltos”—. Me impactó que el secreto construido en un San Isidro cerrado y conservador se estuviera derrumbando en esa propia comunidad”. El periodista sintió entonces que debía investigar y escribir esa historia. Lo hizo en el libro que acaba de editarse.

Charlie ha muerto. De Malenchini no se conoce paradero cierto. Pero los ex alumnos del docente pedófilo rescataron anoche una serie de logros. “En 2004, cuando la noticia salió a la luz, el colegio nos pidió silencio. Hace 10 días, en cambio, el rector, Eduardo Cazenave, escribió una carta pidiendo perdón a las víctimas, a sus familias y a toda la comunidad”, contaron. Y agregaron que Malenchini “tuvo la condena social: ya no pudo seguir viviendo como un reconocido artista plástico que pasaba su vida entre San Isidro y Punta del Este”.

Cassese explicó que algunos de los padres de los chicos abusados están al corriente de lo sucedido, pero que decidieron ocultarlo para que sus hijos “no fueran estigmatizados”. ¡Ay, ese maldito hábito social que en los delitos sexuales termina confundiendo víctima y victimario! También contaron anoche en la TV que ciertos sacerdotes conocieron los hechos y callaron. Ojalá que muchos hayan tomado nota de lo que vimos ayer en el programa de Fantino. Escondido en las entrañas del silencio, el abuso infantil continúa lastimando a la víctima, porque es mentira que el tiempo por sí solo cura todo.

Adriana Schettini

1 comentario:

Anónimo dijo...

a mi me hubiera encantado que me elija para pasar la noche con él, o que le chupe la pija en el auto!! No me hubiera quedado con ningún mambo... ta muy fuerte el profe