domingo, 28 de septiembre de 2014

La fama cuesta


Mariano L hace de su sección "SER GAY EN EL CONURBANO" una hermosa acuarela de lo que es el puto de Provincia (de la Provincia cercana, el Conurbano o la profunda, da igual), tan subestimado a veces en la Capital. 

Nos lleva por el camino de historias reales o inventadas, eso es lo de menos, pues lo que da categoría de ficción a una historia real es que se la cuente desde una posición literaria determinada, pero que no obstante sirvan mas  para abrir cabezas y hacer pensar donde estamos ubicados los gays en determinados circuitos sociales. Nos pone a pensar en que entramado social nos encontramos viviendo, vamos pues con el segundo capitulo de la saga. 

Lautaro Anchorena 



En el mismo barrio y en una de las casas de campo antiguas vive Juan Manuel, volvió para restaurar la casa familiar luego de la muerte de sus padres, ahora profesional con laburo en el poder judicial. De posición económica media.

Auto  casi Okm, de modelo estándar, licitado por plan de ahorro y aun prendado, moto de fabricación nacional, el pretendido buen gusto de un gay, etc.

Envidiable  todo por la pendejada que quiere consumir y no tiene una moneda; pendejada que no tiene una moneda fundamentalmente porque no tiene cultura del trabajo, ni de la perseverancia, porque no hay empleo,  porque apenas leen y escriben, porque los estímulos audio visuales hacia el consumo inmediato son excesivos  y porque el barrio está a media hora del pueblo y el pueblo está a media hora de colectivo de Moreno donde termina el tren eléctrico, en cuyo caso, harían lo que muchos otros  pibes de esa otra localidad: subirían al Sarmiento, bajarían en Once,  irían como trapitos a la zona del obelisco y arrancarían una cadena de oro a cualquier turista (o un celular) que luego venderían con facilidad en la calle Libertad y volverían en el mismo transporte público subvencionado, y por tanto sin pagar boleto,  al conurbano natal.

Una noche, en  la desolada tetera de la estación,  cuando ya los mellizos se habían acostumbrado a contar con  guita todos los días,  a Juan Manuel se le regalaron  dos guachiturros para apetecible trío. 

Él no se había dado cuenta a quienes pertenecían esas pijas (¿importaba?) no se dio cuenta en principio por  la penumbra, las gorritas con viseras   y su    total indiferencia hacia el vecindario, luego le mostró 50 mangos al partenaire más versátil y entusiasta,   se puso un forro y se lo cogió.

Quien se dio cuenta  de la identidad del  nuevo gato  era el  mellizo que hacía de campana mientras el otro estaba siendo cogido. El cogido lo estaba desde chiquito por sus amigos del barrio hasta que cada cual consiguió su conchita, y  ahora con buena tripa (más grande que la del que hacía de campana y de ningún modo entregaba el culo) ejercía el viejo oficio junto con su mellizo entre la tetera local,  y a cambio de cada vez menos objetos, en la fortaleza de Rodolfo.

Y como realmente le gustaba comerla se daba vuelta ante el mejor postor, sabiendo ambos  que los que mejor pagaban (cualquiera fuera su rol) eran los bisexuales que provenían de los barrios cerrados.
Días después en la residencia tucumana los hermanos tuvieron un altercado por un par de zapatillas o un pantalón, no importa, y el de culo intacto espetó a su socio que era un puto de mierda que le había entregado el orto a Juan Manuel  por solo 50 pesos.

Juana escuchó lo que obviamente sabía desde siempre y después de varios chancletazos justicieros se dedicó desde  su sitial minúsculo (porque a través de una ventana había abierto un kiosquito)  a referirse a Juan Manuel  como al puto ese de la esquina que anda buscando pendejos en el baño de la estación de tren, pues Juan Manuel no largó ni largaría un centavo más que lo que ofreció  aquella única noche de soledad y desesperación (y por qué no también decirlo, de placentera oportunidad).

Juana logró lo que quería entre las vecinas que llevarían la noticia a sus casas: salvaguardar la honra de su familia  distrayendo una vez más la visibilidad sobre sus dos engendros  prostitutos y  depositando esa visibilidad en este caso sobre el gay, vengándose ante la imposibilidad de  acercarse a hablar con él  porque los pendejos ya tenían 18 años.

Por lo tanto cada vez que Juan Manuel   pasara con su moto por el baldío donde la pendejada jugaba al futbol recibiría silbidos de esos silbidos en dos tonos que antaño los muchachos regalaban a las chicas de pollera corta.

Un día el gay se bajó de la moto, preguntó quién lo había silbado. Nadie respondió e invitó a quien tuviera huevos a que le tocara el timbre cualquier noche  y entrara a decirle lo que le  quería decir.
Con eso ganó respeto, tenia voz de macho y también se ganó un par de cogidas cuando nadie viera entrar a su casa al pendejo caliente de turno.

Juana siguió refiriéndose a él como al puto de la esquina. Jamás hablaría de Rodolfo.  En el almacén  le cobrarían a Juan Manuel  varios pesos más por cada producto, en la panadería le darían pan de ayer y se lo cobrarían como del día,  hasta que por fin  Juan Manuel decidió no comprar más en su barrio y empezó a hacerlo en el nuevo Carrefour a 20 cuadras.


Finalmente puso la casa en venta y se mudó.



Mariano L.


Lic. En  Relaciones Públicas

Lic. En psicología
Dr. En psicología social
Especialista en varias orientaciones psicológicas

Escritor

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué interesante, porque refleja muchisímo más lo que un aporteñado clasemediero piensa lo que se piensa o es un gay en el Conurbano. Cómo si Moreno fuese lo mismo que San Isidro o que Malvinas Argentinas, y como si Polvorines lo mismo que Villa de Mayo, y Lanus lo mismo que Pacheco. O como si ese pibe "maricón" de la canchita fuese el mismo pibe "maricón" que va a la escuelita privada a 12 cuadras de la canchita, que pagan los padres con muchisímo sudor en la frente. Sinceramente, me parece menos una "acuarela" del gay en el Conurbano que las fantasías de un profesional que prefiere fundar/reproducir/exacerbar estereotipos, que por otro lado (y teniendo en cuenta la historia anterior) evidentemente despiertan un curioso interés sexual en el autor. No te preocupés, a muchos otros también les calientan un poco los villeritos, porque es como lo abyecto extremo, ¿no? Son marginales en sí mismos, dejados a la deriva en los bordes de la sociedad a la buena (o mala) del mercado, a la vez que son uno de los sujetos principales de la reproducción de la marca heteronormada e hipermasculinista represora de sexualidades disidentes. Veremos como sigue, voy a dar un voto de duda porque si bien esta narración me pareció indignante y absolutamente anti-conurbano gay, prefiero leer todas las "entregas" primero.

MarianoL dijo...

Dale anónimo, aceptamos tu espera. Lamento tu indignación pero seamos prudentes y no nos adelantemos ninguno a sacar conclusiones. Lo único que te puedo decir es que me gustan los hombres y para que me caliente un tipo no tiene por que ser villerito, aunque también podría serlo. Dependerá de otras cosas lo que me conmueva. Lo de mis intereses sexuales y fantasías, las conozco yo, pues se quien soy donde vivo, donde he estado y hacia donde voy, Lo que decís de mi son solo interpretaciones tuyas. Veamos, saludos y gracias por leer.
MarianoL

David Bisbal dijo...

sinceramente, no sé a donde intenta apuntar esta sección, quizás a ningún lado... leo atentamente porque esta muy bien redactado, y hay muchas herramientas que se usan en el texto en el momento de narrar la historia; pero en sí, no me terminan de atrapar los relatos. Si bien intenta meterle un trasfondo "social", o similar, no le encuentro la vuelta. Tal vez estamos tan acostumbrados de encontrar historias muy fuertes, o expuestas de un modo mas directo, y no situaciones medio ambiguas, como aquí escritas. Como sea, es una opinión personal, saludos!!

MarianoL dijo...

David Bisbal: El trabajo total cuenta con varias partes. Hasta ahora fueron dos relatos reales que incluye a algunos de los personajes del primero. Luego hay otro corto, después viene Un análisis de la situación y definición del problema que se quiere tratar que es el gay en el conurbano, hay una encuesta sondeo hecha al azar con entrevista semidirigida por chat para saber que piensan algunos gay de una zona que se ha circunscripto porque vivo en ella la conozco y se de sus historias, conclusiones cualitativas y espacio abierto para la opinión del lector. Por razones de espacio los administradores han decidido dividirla así. Prometo que para la próxima tendré en cuenta la extensión y hare un cierre para cada entrega, para el caso de que otro trabajo me salga extenso como este. Sin embargo el tema es mucho mas extenso que apenas lo que se pretende vislumbrar. Entendí que muchos lectores necesitan que una lectura empiece y termine en la misma entrega. Mas allá que las historias están relacionadas con el erotismo, no pretende ser relato erótico ni critica social, salvo lo que se refiere a como se trata lo gay, o sea contar una realidad de un lugar, que podría ser extensivo o no al resto del conurbano, lo cual luego lo veras aclarado
así que, como lo han pedido los administradores ya, tene paciencia
Saludos
MarianoL

fedeart dijo...

Me encanta el relato, soy un nuevo vecino en la zona oeste. En busca de buenos aires y disfrutar en mi caso de un verde espacio. a mis 30años y
con una profesión hoy cuesta conocer chicos de
mi edad con proyectos y algo de futuro, el oeste me sorprende con hombres casados. Y no puedo desviar mis ganas de tener una relacion sería. Es complicado compatible o no competir con una Conchita o como dijiste una vez mariano l una cancha grande d haber parido varios chicos. En resumen buscar un macho gay
como
yo el complejo