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Prefiero que mi hijo sea chorro, borracho o falopero antes que puto

Hace 40 años que Rodolfo compró los terrenos que forman su quinta de casi una manzana. Eran los terrenos de un criadero de pollos. Logró...

Hace 40 años que Rodolfo compró los terrenos que forman su quinta de casi una manzana.
Eran los terrenos de un criadero de pollos. Logró forestar el lugar de forma exquisita y construyó una mansión con  el esfuerzo de años de trabajo empresarial  que arrancó con el antiguo galpón de cambalaches de San Telmo heredado de su padre  convertido por él  en galería de arte  y venta de piezas firmadas de antiguo mobiliario que luego mudó a la calle Juncal.

El puto Rodolfo, que así se lo conocía entre el chongaje de los suburbios no dejó títere con cabeza, y como le gustaba acrecentar su rebaño cuyo promedio de edad iba disminuyendo a medida que pasaban los años, supo que su estrategia era halagar al personal policial con asados en su quinta y coronar sus banquetes criollos  con cajas doradas conteniendo relojes baratos como souvenir para cada representante de la  autoridad.

Así,  en las tardes de verano el gay podía entrar  con su refulgente BMW al barrio  con la impunidad de un incandescente  desafío para  las miradas  de las vecinas,   e invitar  al primer morochito cuyo torso desnudo lo emocionara  a  pasar por su quinta amurallada a recoger las hojas secas a cambio de unos pesos, lo que luego se transformaría en chapuzones desnudos en la piscina y orgías  en su cama de capitoné de seda  cuya cabecera estaba bendecida por un autentico óleo de Campanella.

Orgias decimos porque ningún pibe iba solo, siempre llevaba uno o dos amigos y Rodolfo lo sabía.
Cuentan que en su última recepción a la que invitó al poder de turno, donde asistió  la senadora provincial esposa del intendente local,  Rodolfo recibió a sus invitados vestido impecablemente de  Mirtha Legrand,  se hizo llamar Chiquita durante toda la velada,  y  dos chonguitos  de smoking lo siguieron adonde fuera abanicándolo. 

Cuentan también  que los suvenires de esa noche fueron billeteras de carpincho con broche de alpaca para los caballeros y pulseras de plata para las damas.
Las cercanías de la quinta de Rodolfo que hasta cuarenta años atrás estaba todavía poblada  por un puñado de casas de campo, (algunas aun existentes),  con vecinos criando sus vacas, ovejas y gallinas, sembrando hortalizas, hoy se ha transformado por el desplazamiento de varias villas capitalinas (arreglos entre el gobierno de la CABA y los corruptos intendentes bonaerenses) sumado a  la migración espontánea desde el interior ocupando terrenos fiscales, se ha transformado decíamos, en un pobre caserío apiñado con construcciones en falsa escuadra de ladrillo hueco sin revocar y techos de chapa de una sola caída.

Sin asfalto, sin gas, sin cloacas, sin agua corriente, con perros sarnosos de visibles costillas, los  niños descalzos chapalean en verano en las zanjas callejeras  donde se vierte el desagüe de lavarropas y piletas de cocina.

Entre esas casas, algunas más dignas, viven Rogelio y la negra Juana, tucumanos los dos, padres de varios hijos mayores de edad,  todos nacidos allí y padres también de mellizos adolescentes, bonitos.
Cuando el negro y la negra se enteraron que los mellizos (en ese entonces de 15 años) ya no pasaban las tardes con sus congéneres armando estrategias para ir a robar algo a algún  vecino descuidado, sino que las siestas eran en lo de Rodolfo,  fueron a pedirle explicaciones al Gay Emperatriz. 
Salieron como entraron. Perdón, no como entraron, salieron encandilados por el lujo glamoroso que en su vida habían visto solo en algún canal  de la TV pública digital.

Sin embargo, como el gay era un velociraptor, cuando los mellizos quisieran alguna cosa,  a partir de ahora deberían dirigirse a él,   sin más, y para empezar,  tendrían celulares de última generación y ropa nueva.

Un pequeño vuelto para la loca, (Rodolfo) con lo que los tendría controlados y a su merced por whatsapp cuando los necesitara (y hasta que los necesitara), contando ya con  el apoyo y la connivencia  de los padres cuando los jóvenes entraran en rebeldía.

En el barrio Rogelio explicaría lo que nadie le preguntaría: que Facu y Lauti habrían encontrado celulares en el baño de la escuela, y como lo que se encuentra es de uno… y que por suerte él con sus ingresos  haciendo los parques de algunas quintas, el  plan Ellas Trabajan  que cobra  la negra  y los   planes de asignación por hijo, podía comprarles ropa de moda y de cierto valor.

En el barrio piensan que Facu y Lauti solo se dedican a robar. 


Mariano L.



Lic. En  Relaciones Públicas
Lic. En psicología
Dr. En psicología social
Especialista en varias orientaciones psicológicas

Escritor

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