lunes, 23 de marzo de 2015

De campamento

Salimos un grupo de amigos de campamento sin pensar que esa noche iniciaría mi vida gay. El día había sido difícil y estábamos extenuados de establecer el campamento. Hasta ése momento, todos nos creíamos heterosexuales, y estábamos con ánimos de juerga. Llegada la noche me acordé de la mirada que me dio uno de los compañeros a quien conocía por primera vez. Jose era su nombre y era un rubio bien plantado.

En conversaciones durante el día dejo entrever que era bueno para probar de todo y que era amplio de criterio.Así pude saber que sería presa fácil para satisfacer mis instintos que despertaron ante tanto cuerpo bello.

En la noche empezamos a divertirnos en grupo y a tomar licor. Como pasaba el tiempo, cada uno se iba a dormir. Sin embargo, Jose y yo quedamos solos; estábamos solos, sentados a la orilla del mar y conversando de temas, cada vez más calientes. Minuto a minuto, se hacía más excitante la conversación. Sólo nos cubría una ropa de baño, y se marcaban nuestros miembros viriles, que estaban ya, excitados al máximo.


En una de esas, tomé la iniciativa, y le besé; él aceptó de muy buen humor. Seguimos así por varios minutos interminables. Nuestras manos empezaron a acariciar nuestros cuerpos, y sentí sus dedos dentro de mí. Yo hice lo mismo con él. Pasaron varias horas revolcándonos en la arena. Nunca pude saber si penetró mi cuerpo porque al día siguiente casi no recordé nada. Tan sólo amanecí en medio de un gran charco de semen.

Nunca en la vida produje otra eyaculación igual. Hasta el punto que mojé todo, hasta fuera de la bolsa de dormir que quedó marcado con tamaña huella de amor.Luego nunca supe de él. Quedé marcado con sus toques y me di cuenta que eso era lo mío.

Pasó mucho tiempo y hoy vivo con mi pareja y sueño cada día con bañarlo con todo ese semen como aquella noche.

Jorge L.

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