martes, 13 de octubre de 2015

Desde el diván: honorarios en terapia












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Por Ale K | Si bien Argentina ostenta uno de los mayores índices de psicoanalistas per cápita, nunca se habla públicamente de cuánto cuesta ir a terapia.




También me veo movido a escribir este artículo porque muchos de uds, lectores de esta pagina, llegan al consultorio con el miedo lógico al costo del tratamiento y si este se podrá costear, los miedos en muchos casos son reales, porque las variables socio económicas generales no ayudan mucho, se escucha mucho aquello de “antes estábamos mejor”, “cada vez empeora más la situación económica y justo a mí se me ocurre empezar terapia, lo necesito”, “quiero empezar pero si me rajan del laburo no voy a poder venir más”, todos miedos reales reflejos de esta crisis económica.


El momento en que uno comienza la terapia no es circunstancial, hay un momento exacto que a veces no respeta lo económico.


Los principales motivos de consulta son:


Soledad, 
Imposibilidad de encontrar pareja, 
Salida del closet, 
Perdida del status laboral que se haya conseguido.
Bisexualidad
Imposibilidad de concretar proyectos. 
HIV y serodiscordancia en la pareja. 




Muchas circunstancias convergen en un solo lugar…  hay una relación entre lo pulsional y lo libidinal que favorece una articulación entre los aspectos sexuales que participan en este encuentro, un terapeuta debe analizar cómo opera esto fuera y dentro del consultorio.

El dinero está íntimamente ligado con lo sexual, lo empodera,  en el podemos ver como la persona se maneja en su cotidiano, como se vincula, que desempeño tiene. Por regla general quien es mezquino con el dinero en este espacio lo es en su vida sexual, personal, social y en otros aspectos de la misma. Esto en el devenir de las sesiones aparece.


Pero tampoco se debe sufrir para ir a terapia –no debe mediar angustia- cuando sabemos que necesitamos una contención debemos invertir tiempo en buscar un terapeuta, en cuales son los diferentes tipos de terapias a las que podemos acceder, saber que no será igual la atención en un centro comunitario donde el terapeuta debe ver un paciente cada veinte minutos estipulados por el marco institucional, que lo marca por reloj, a la atención en un consultorio privado donde seguramente la sesión oscile entre cincuenta minutos a hora y cuarto. Con una relación que será por lógica más personalizada, por ende el precio será otro y no tendrá rango institucional.


Pocos dedican tiempo previo a la búsqueda de un terapeuta, muchos de mis pacientes me dicen que llegan a mi luego de varios intentos con final frustrado,(con sesiones por más de dos años). Y otros manifiestan que hartos de buscar en cartillas de prepagas u obras sociales se aventuraron a buscar en lugares menos convencionales.

Que jamás pensaban en que podrían “anidar” en mi consultorio, ya que habían sacado el contacto del “blog de los baños” – esto último dicho en tono bien bajo, como hablando de algo bien privado, es que la terapia en sí, reviste un carácter bien privado.


Es un lugar al que el paciente accede para hablar de cosas que no hablaría con nadie ni siquiera con “su mejor amigo”. Muchos se han entrevistado con “eminencias del psicoanálisis” y han salido decepcionados, otros han tenido terapeutas gays que los trataban en femenino, algunos pacientes varones a la terapeuta torta que les era hostil, otros al terapeuta clínico hetero que los trataba como a un enfermo, con un velado marco séptico.


En todos los casos de varios de los que relato las sesiones continuaban a pesar del disgusto del paciente y es que este espera y pone en un lugar de poder al terapeuta que le dice hacia donde queda el norte. Se suprime. Muchos dicen que esto ocurre por ignorar cual es el protocolo a seguir.

Esto es discutible, digo, si uno no se siente a gusto con la persona que se entrevista esto se hace saber o no se vuelve a la próxima consulta.


¿Cómo tratar del tema del dinero?


Decía al principio que muchas veces los pacientes llegan con el miedo a los honorarios, ocurre mucho sobre todo en consultorio privado de gentes que reservan el turno y después no vienen, o que mandan un escueto mail o whatapp diciendo que no pueden concurrir por “temas de dinero”,  hoy por hoy todo se negocia, hay gente que no tiene problemas en modo alguno y viene y regatea la tarifa de consulta,  o “llora la carta” como se dice en el barrio. El regateo aparece también en otros espacios... Este tipo de pacientes es retentivo, sádico, narcisista ya que sólo piensa en él. Hablo de los que pueden pagar y hacen un tema porque creen que el terapeuta los tiene que amar como un papá y no les tiene que cobrar. Pretenden un vínculo afectivo donde no medie el dinero.

En el vínculo terapéutico se da una relación "surrealista", en el que el encuadre es fundamental. Dentro del encuadre está el dinero. "Algunos pacientes solos te dicen: '¿Usted no tendría que aumentar por la inflación?', otros se ofenden porque sienten que te estás aprovechando de la necesidad que tienen del analista, como si uno quisiera cobrarles el oxígeno. Se establece un vínculo muy especial porque lo estás ayudando a vivir, a que pueda superar inhibiciones y conflictos que no les permiten vivir, trabajar, casarse, emparejarse".


El tema del dinero hoy se discute en el consultorio, se negocia, algunos cuando se les informa el honorario  dicen que no pueden pagarlo, pero es tarea del psicólogo ver si esto es realmente así. En ese caso se puede ser flexible en el monto y en la forma de pago. "Hay pacientes para los cuales es importante que alguien les de crédito a su palabra y puedan endeudarse y otros que deben entender que con el dinero no alcanza, por más de que puedan pagar".


Lo mismo que cuando un paciente se ausenta sin aviso, paga la sesión porque es algo que está pautado de este modo porque ese horario ya está destinado para él, nadie lo usa en su ausencia. Es importante que el paciente considere al otro en un vínculo analítico, sus espacios, su tiempo, el del otro, el tiempo compartido, su capacidad de previsión, todo lo que le pase allí es lo que seguramente le pasa con el resto de sus vínculos".


Los honorarios dependen siempre de cómo llega ESE paciente a mi consultorio, desde dónde lo derivan, cómo empieza el tratamiento y tiene que ver con el recorrido terapéutico del mismo. Algunos pueden pagar más con el paso del tiempo, otros no, hay pacientes que se quedan sin trabajo y eso lo contemplo.


Cuando alguien está comprometido con su tratamiento el tema económico pasa a un segundo plano. Todo se habla. Todo pasa por la palabra.


8 comentarios:

Anónimo dijo...

buena nota! y accesible mi terapeuta me cobra 500 la sesion... te voy a ver en breve AleK

Anónimo dijo...

yo vivo en España y sigo haciendo con mi psicologo en Buenos Aires porq los de ak son un asco, me prendo al sky y una vez por semana hablo, le pago por giro y esta muy bueno. Es verdad que la relacion cuando es buena no se baja por lo que te cobre, yo pago con gusto

Anónimo dijo...

Comencé a ir por un tema de depresión y la verdad es que me sirvió, pero se me está haciendo caro, son $ 800 por mes. La verdad es que me resultaría difícil cambiar por otro profesional

Anónimo dijo...

Es verdad lo que dice la nota, yo me empece a atender en la obra social porque me salia mas barato que el terapeuta al que iba, pagaba $200 pero nadie me dijo que en la clinica me iban a atender 20 minutos y bien rapido, si bien no me salia nada deje al mes porque nunca alcanzaba a desarrollar nada de lo que queria hablar... Una cagada la atencion en la clinica Bazterrica

Anónimo dijo...

Yo hace un montón que hago con mi terapeuta y me ha respetado los honorarios cuando no tenia trabajo y cuando encontraba me actualizaba pero nunca me mató. Que bueno que se hable de esto en un blog como este!

Andres20 dijo...

A la cabeza del analisis
Musculocas qu

Andres20 dijo...

A la cabeza del analisis
Musculocas que cuando las carnes aflojan ya no levantan....
Putos depresivos
Y gays defectuosos....

prime dijo...

La verdad es que el último terapeuta al que fui me cobraba 250 la sesión. Era un profesional bastante bueno pero me parecía muy caro.