lunes, 4 de julio de 2016

Memorias de San Isidro. La paja y La Cava.

[avatar user="Pablo Castro Videla" align="left" /]Axel era vecino de la vuelta y compañero de banco en el colegio. Teníamos caras de Ángeles, lo que podía disimular nuestras macabras y en su mayoría diabólicas ideas. Me acuerdo casi todo como si fuera ayer. Con Axel descubrí el mundo de las pajas.

la paja y la cava (1)



¡Que lindo recordar!


Otro buen recuerdo fue el día que nos pesco la hermana de un vecino a los tres, Axel, Guillermo y yo haciéndonos la paja sentados en fila en una cama del altillo.
Todavía no nos saltaba a nosotros pero al vecino si y nosotros solo tratábamos de acelerar el trámite pensando que cuanto mas practicáramos más rápido iba a llegar.
Evidentemente fue para tanto que la boluda empezó con amenazas tremendas como contarles a nuestros padres, ¡una perra!


Era nuestro final. Pero hábilmente la callamos diciéndole que era un juego que todo el mundo hacia.


- ¿como no sabes?


Dijimos con nuestras mejores caras de boludos. Ella por no ser menos, nunca hablo, no sabemos que hizo, eso sí. ¿Habrá buscado su nirvana?


Seguíamos tratando en todo lugar y a toda hora.


En el baño de donde fuese, en el baldío, nos ayudábamos mutuamente para quitarnos la frustración de no acabar.



Dios aprieta pero no ahorca


Finalmente el día llego,


¡Salió la lechita!


Qué lindo momento, la felicidad era extrema!


Ahora había que ir perfeccionando y asegurarnos que no fuera una falsa alarma.


Para nuestra dicha, No lo fue.



Fue peor el remedio que la enfermedad.


Extorsionábamos a nuestros vecinos más chicos y los obligábamos a que nos chupen la pija, sino no podían jugar con nosotros.


Ellos con tal de jugar lo hacían, no muy bien, pero lo hacían y diría que hasta con desgano!


La falta de voluntad era tremenda!!!!


De todas formas yo mas que en el 65 parece que nací en el 69 porque así con la práctica continua durante tantos años he llegado y hace rato, a la perfección inmaculada de esta maravillosa técnica. Tan favorable para ambas partes…


¿no es cierto?


Ya hechos unos hombres; por la leche digo.


Nos lanzamos a los barrios a buscar sexo.


¿Donde podría haber sexo? ¡En la villa, donde sino!


¡En casa no había, eso era seguro! ¡En casa no se cojía!


Teníamos que cojer, era nuestra enmienda, nuestra razón de vivir.


La cava parecía ser el lugar ideal.


Fuimos en las bicis y caminamos por los pasillos entre las casitas y le preguntamos a una chica si quería cojer, se excusó, tendría entre 12 y 15 años, pero, nos dijo que si queríamos cojer fuéramos al edificio que estaba en ruinas, vacío de objetos pero con murales grafiteados de sexo explicito por todos lados, ahí aprendí de posiciones. Nos sentíamos como Carter cuando encontró la tumba de Tutankamón.


Las paredes reveladoras de tantas intrigas y misterios;


Otras no tanto porque si de algo sabíamos, era de cojer.


Por lo menos eso creíamos.


Después de haber pasado por la paja grupal ya habíamos avanzado.


Pero esos dibujos hechos con tiza de ladrillo eran jeroglíficos para mis ojos.


Las escenas eran de hombres con mujeres. Las conchas de esas paredes eran las primeras conchas que había visto en mi vida que dibujadas parecían divertidas, había que ver.


La chica no entro con nosotros al edificio mientras observábamos estas magnificas obras de arte.


Aparecieron 2 chicos más grandes que nosotros, preguntándonos que queríamos por ahí;  medio con mala onda.


Ellos, wachiturros de la villa y nosotros rubios como el trigo; pusimos nuestra mejor cara de buenos y les dijimos que no buscábamos  nada…


Paso a paso nos fuimos en retirada hasta llegar a nuestras bicis.


Nada grave pasó, ya volveríamos.


Mientras pedaleábamos entre el cagazo y la diversión muertos de risa y llevándonos con nosotros un mundo nuevo.



Continuará...



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1 comentario:

Ricardo Lopez dijo...

Esperando la próxima entrega!!!!! Cuando llega??? Me encanta el relato, travesuras, el morbo y la forma de escribir ! Finalmente el día llegó, salio la lechita!!!
#laquieroya