sábado, 25 de mayo de 2019

Coger con un ciego

Por Clark | Tiene 24 años y juega en un seleccionado argentino.

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No puede saber de las fotos y contrató mi servicio solo por mi voz.


Excesivamente abrigado, con la estética de alguien que vive en un asilo o en un refugio, pensé que tendría que recurrir al Viagra.

Pero cuando se puso en pelotas la pija se me alzó como el asta de una bandera.

Rostro hermoso, cabeza rapada, cuerpo marcado, piel blanquísima y una verga perfecta coronada por pelos negros subiendo en línea recta hasta el ombligo sobre un abdomen chato, impecable, atravesado por algunas venas azuladas.

Los pectorales altos. 

Los hombros, los brazos y las piernas musculosos, y un culo firme y peludo.

El vacío de sus ojos muertos lo hacían sobrenatural y ante tanta rara belleza sin poses, sin artificios, quedé paralizado.

Sin embargo me acerqué en la penumbra y lo tomé de los hombros.

Con una mano me tocó el rostro. Me describió tal cual, hasta el color de mi barba. Dijo después que cada color de pelo tiene una densidad distinta.

Con la otra mano me tocó el cuello, la nuca, el pecho y se detuvo en un lunar que definió como sensual y por lo  tanto no me lo haré quitar como pensaba.

Abracé su cintura y lo acerqué hacia mí.Tiene una serenidad expectante. Depende de sus otros sentidos.

Le acaricié la cara, el cuello y el pecho. Miré y vi que su verga alzada latía y aguanté para no zambullirme en ella. 

Entré en su mundo de sensaciones.

Entonces sin bajar percibí que esa verga olía a verga, no a jabón, y ardí en llamas.

Llevó dos dedos a mi boca y se mojó los labios con la lengua.

Me apartó un segundo, puso su otra mano sobre mi abdomen hasta toparse con la punta de mi pija.

La suya es más gruesa y es recta.

-¿Puedo besarte?-preguntó-

Su pregunta me enterneció y le comí la jeta.

En mi cama tomó la posta y lo dejé hacer.

Me pidió que me pusiera en cuatro.

Recorrió mi abdomen y mi pecho solo rozándome y yo en cuatro.




Me acarició suave la pija dura, las pelotas, palpó despacio mi espalda elogiando mi piel y yo en cuatro ardiendo, hipnotizado y en su dominio.

Separó los gajos de mi culo conteniendo la respiración, olfateando, suspirando y abrazando mis glúteos como amándolos, haciéndome alucinar que tengo un culo perfecto.

Se recostó junto a mí. Nos unimos pija con pija. Fue a mis sienes, a mis mejillas.

Me preguntó junto a mi boca de qué color es la piedra de mi oreja.

-No es un diamante- dijo- tampoco es un vidrio- Sintió mis tatuajes y los degustó palmo a palmo.

Mi cuerpo cobraba independencia de mí. Mis marcas y mis recovecos oscuros se iban iluminando.

Me dijo las cosas más bellas, cosas que no voy a repetir para no ser arrogante, cosas que nadie me había dicho, e hizo que yo me viera del modo en que quisiera verme siempre que me veo en un espejo.

Hablaba con la boca pegada a mi epidermis y sus palabras vibraban porque esos labios decían y eran táctiles al mismo tiempo.

Yo estaba hecho una antorcha y no quería avanzarlo porque temía romper la magia.Temía caer al piso y ser otra vez de carne cuando él me hacía de aire y de fuego.

Él no me estaba acariciando, me contemplaba con su tacto, me olía como un lobo. Susurraba, me lamía y se iba sorprendiendo de lugares míos a los que no estoy acostumbrado. 

Entonces sus dedos, sus palmas y sus labios como si fueran pequeños animales puestos en libertad llegaron al hueco de mi orto.

Olió profundo. Sentí en mi orto su aliento carnívoro. Me aspiró la flor del ojete que se abrió para él. Lo inspeccionó con los labios y la lengua.

Me pidió gel y me entró con el índice dentro del culo -Tu próstata es tan hermosa, tan suave… -dijo-…igual que tus huevos cargados. Me encanta sentírtelos.

Nos hicimos un sesenta y nueve que casi me hizo acabar. Nos chupamos las vergas, los ortos, las pelotas.

-Me gusta tu olor- me dijo - Ese ´perfume… Fumaste  antes de que yo llegara y enseguida te lavaste los dientes. Tu pija tiene el sabor justo. Measte hace un rato y no te la enjuagaste…

Coger conmigo para él era una fiesta y me hacía sentir yo mismo.

No aguanté. Lo ubiqué de cara a mí, levanté una de sus piernas, mandé lengua otra vez y se la enterré un rato gozando como un potro sosteniendo esa pierna, deteniéndome, chupándole la pija, haciéndolo saborear la mía para cogerlo de nuevo.

Se le puso más dura esa chota blanca, gorda, recta, cabezona y de venas azuladas y me volvió a colocar en cuatro y a chuparme el culo.

Yo estaba entregado, encendido, y pude comprobar que también su verga tenía radares, como sus labios, como la punta de sus dedos. 

Su verga  autónoma rastreaba mi agujero mientras él me rodeaba el pecho con sus brazos, acariciándome el abdomen y los dorsales dándole tiempo a la verga para encontrar la entrada sola, empujándola y retirándola sin hurguetear con los dedos. Solo esa chota soberbia como un tiburón blanco embistiendo, errando y ensayando otra vez, entonces la cabeza de esa verga acopló como al azar en el umbral de mi ojete.

Le pasé un forro.


Percibí cada centímetro de su poronga en mi interior de afuera hacia adentro, de adentro hacia afuera y otra vez adentro, porque en realidad su verga gruesa era una sonda exploradora que se abría paso en mí, que salía  y volvía a entrar para cerciorarse, ahuecándome cada vez más y haciéndome sentir el mejor puto del mundo.

Me puso en cucharita y me empezó a pajear de una manera única con su mano perceptiva mientras me cogía. Una mano agarrando mi verga, otra mano rodeándome el pecho y su boca lamiéndome el cuello.

Le dije que no aguantaría, me dijo“vamos” y hasta diría que pude escuchar la afluencia repentina de su leche llenando el forro, pasando por su gruesa manguera que se inflamaba intermitente cada vez que la expulsaba, abriendo en cada torrente mi orto hasta la inconsciencia, mientras mi leche chocaba contra la pared y otro chorro suyo y otro más,  pero con cada uno de sus guascazos subía una oleada por mi médula hasta mi nuca, poniéndome la piel erizada hasta hacerme acabar de inmediato, por segunda vez, de una manera distinta, haciéndome acabar desde adentro.

Me besó la boca hasta que ambos quedamos dormidos.

Los varones somos visuales. Primero miramos, después deseamos, luego tocamos y por último olemos y chupamos. 

A una pija la disfrutamos primero con los ojos y mucho después con el culo. 

Lo que podemos imaginar que haríamos con un orto musculoso, redondo, juzgándolo profundo, es por la información que nos da su imagen visual. 

Lo porno está hecho para los hombres (de cualquier orientación sexual).

Pero cuando te perciben solo con la piel, el gusto, el olfato, el oído, y quizás con un sexto sentido que supera la ausencia de la mirada, notás que hay otro mundo más allá de los ojos de los otros y de lo que te devuelven los espejos, un mundo más intenso,  entonces tu cuerpo existe pero en otra dimensión.

Gracias Fabrizio. Espero que vuelvas pronto.


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