martes, 13 de agosto de 2019

Desde el consultorio del dentista. Entre el morocho y el colorado.


Por Matías Savedra | Relatos de los lectores | Estaba volviendo del trabajo, como había buen clima decidí volver caminando. A unas 10 cuadras de llegar a mi casa, siempre mirando a ver si se levanta algo, aunque lo descartaba porque era el mediodía y no pensé que fuera a haber movimiento de levante a esa hora. Cuestión que para mi sorpresa en una cuadra me cruzo a un chabón colorado de rastas, debería tener unos 30 y pico, me clava la mirada y yo también.

Nos cruzamos porque íbamos caminando en direcciones opuestas, un par de metros después me paro y me doy vuelta, el flaco seguía ahí parado mitad mirando su celular mitad viendo que hacia yo, lo pensé, era más petiso que yo (mido 180) y eso un poco me la bajaba pero el morbo pudo más y me quede mirándolo, le hice un gesto con la cabeza y el vino caminando hasta donde estaba yo, nos saludamos y seguimos caminando juntos. Hablamos un poco, todo muy superficial, le digo que estaba volviendo del laburo, él me dice que estaba yendo al suyo, le respondo: ¡qué garrón! Porque estaría bueno hacer algo, igual podemos, -me responde-, ¿te jode venir a mi laburo? Yo ya estaba con la pija al palo del morbo, y si necesitaba algo que me convenciera de que el chabón no me gustara tanto era eso. Le digo que sí, su laburo quedaba a unas pocas cuadras, en la dirección que él iba cuando me lo cruce, de la calentura jamás le pregunte de qué trabajaba. A una cuadra de llegar me dice, lo que si esta mi compañero de trabajo. Yo pensé que se pinchaba todo ahí. Le pregunto: ¿qué onda? ¿Cómo hacemos? y me dice: bancá que le pregunto si se copa ¿a vos te va? Me tomo de sorpresa la propuesta, no había salido del laburo pensando hacer un trio pero le dije que sí, le pregunte si tenía una foto me dijo que no. Llegamos y me dice que espere en la puerta que iba a avisarle a su compañero y me hacía subir. 
Yo ahí dude si quedarme o no, dos chabones de 30 y pico, yo con 23, podía pasar cualquier cosa. En eso que dudaba me dice el chabón que suba que está todo bien. Mientras subo las escaleras el colorado empieza a tocar el orto, vuelvo a calentarme pero quería ver a su compañero y deseaba no arrepentirme de haber subido. Cuando llego me hace pasar por una especie de living y cocina, un pasillo hasta abrir una puerta donde estaba su compañero, me quedo congelado, era un consultorio de un dentista. El compañero estaba trabajando en un escritorio, no estaba nada mal, morocho con algo de canas, grandote, también de 30 y largos. El colorado llega y me agarra por atrás, me empieza a besar el cuello, le dice al compañero ¿viste que estaba lindo no? ¿Y a vos te gusta? ¿Todo bien? Yo respondo con la cabeza que si pero no podía dejar de ver todos los instrumentos que había en el consultorio, el compañero se da cuenta, se me acerca, me da un beso y dice mejor vamos para allá, acá no da. Volvemos a la cocina entre tocadas y besos, el colorado estaba zarpado de excitado, me tocaba todo el cuerpo y él hablaba todo el tiempo de lo bueno que estaba y de las pijas que me iba a comer, el otro no, estaba más tranquilo, me miraba, me besaba y buscaba mi orto. Me fueron desnudando, fui el único en quedar completamente en pelotas, ellos se bajaron los pantalones y el colorado se sacó la remera. Entre ellos nunca se besaron ni tocaron, yo chapaba con uno y después con otro, hasta que me quede un rato con el morocho solo. El colorado empezó a chuparme la pija mientras el otro me sentaba en una mesa y seguía besándome. Me dan vuelta, quedo con el pecho contra la mesa, el colorado me chupa el orto y el morocho me da su pija pata chuparla, bien dura estaba cabezona y recta, muy rica pija que me comí desaforada mente. Pensé que el colorado me iba a cojer, muchas ganas no tenía pero solo me apoyo un poco, no tenía la pija dura. 
Me arrodillo y le chupo la pija a los dos que quedan parados, al colorado no se le terminaba de parar aunque tenía una pija larga (más larga que el morocho) y fina, se separa y se pejea mirando cómo se la chupo al morocho. Me paro y sigo chapando, el colorado se sigue pajeando mientras me toca el orto y me mete el dedo. El morocho me tira contra la mesa de nuevo, quedo boca arriba, piernas en los hombros del morocho y me la apoya, se tira encima mío me sigue besando. El colorado se pajea al lado, se la quiero chupar pero me dice que no, al toque acaba. El morocho me llena la boca de pija hasta que la saca y acaba en mi pecho, yo me pajeo mientras el colorado me toca el orto y acabo. Entre los dos me limpian, me visto, nos saludamos y el colorado me baja a abrir.
Ahora cada vez que puedo vuelvo caminando esperando encontrármelo de nuevo porque me quede con ganas de que me garchen en la camilla del consultorio.



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