jueves, 10 de octubre de 2013

El hospital (Cuando te gusta la adrenalina no te para la prudencia)

(Cuando te gusta la adrenalina no te para la prudencia)

Fui a visitar a mi amiga Claudia al hospital Argerich del barrio de la boca. Ella trabaja ahí pero no viene a cuenta narrar de qué trabaja mi amiga. Era su cumpleaños y fui a darle un beso, a darle una sorpresa. Subí las escaleras de la calle Corbeta Pi, lo más rápido que pude, con las manos en los bolsillos y los dedos entumecidos de frío.

Pude ver de todos modos, aún en mi velocidad, a un montón de personas que esperaban su turno en una fila interminable. Abrigos y barbijos me dieron la bienvenida. Entrar al nosocomio corriendo me dio calor, así que me saqué el gorro de lana y me aflojé la bufanda. Sala central, doblo a la izquierda, final del pasillo. Entro al baño ya mecánicamente. Por las dudas, por complicidad, por camaradería, por vicio. Nunca importa de qué baño se trate, si un supermercado, una estación de tren, un cementerio, una librería o un hospital. Me miro al espejo, paso al mingitorio. Tres individuales vacíos y sucios. Sin seguro en las puertas y escritas con furia las paredes  hasta el techo.

Leyendas que rezaban desde “en este hospital nació Lucía el 13 de mayo de 2010”, hasta el clásico “15- 6485… busco activo pijón, yo solo pasivo”. Intento mear sin saber si tengo de verdad ganas de hacerlo. Bajo el cierre de mi bragueta, saco la pija y juego un poco porque el frío maltrató mi fama.
Recuerdo a “el Cuervo” decir en Plata Quemada, “¿no sabés que el frío te la achicharra?
“Más de tres sacudones es una paja” –decía un amigo. Y yo ya iba como  por el décimo cuando decidí salir de ahí. Con un algo de pena, lo confieso, porque cada oportunidad de encuentro me dispara una adrenalina que no se parece a nada en la tierra. Algo que no tiene que ver con el amor, que nada se acerca a la prudencia. Algo ocurre con mi cuerpo si veo esa puerta abierta y no puedo entrar, por eso nunca me privo del juego del los baños. En los baños puedo coger con el culo, con la pija, con la voz, con la mirada, con la cabeza, con las manos, con el aliento; en los baños puedo entrar en los cuerpos y quedarme como un asaltante en el pensamiento.

De una y mil maneras puedo quedarme en la vida del otro que se acerca anónimo a contemplar cómo me escupo la cabeza de la verga, cómo abundante saliva me lustra el glande tierno de orfandades varias. Me mira, de reojo, amigable, en silencio. Parado a mi lado, mingitorio de por medio máxima distancia. Como en una coreografía el otro también baja el cierre de su pantalón, saca lo suyo ya más en ritmo. Se genera entonces la danza de la promiscuidad absoluta, la remake de los coitos anteriores, las fantasías de abuso, las violaciones reales, el poder, la humillación, la altanería que te da la calle; un “quemeimportismo” a prueba de todo, una singularidad en el modo de ver esa película dónde somos el villano, donde el amor tiene poco que ver con la trama y el destino de los personajes, donde el amor no está, no se dice, donde no se dice nada, ni media palabra; quejidos puede haber, jadeos hacia adentro, palabras masticadas íntimamente, verdades malnacidas casi muertas en la garganta seducidas si querés por un torrente de semen.
Comenzaba pues la retirada cuando sin girar la cabeza vi una silueta al lado mío. Un flaco como yo, en sus treinta años, lindo hasta la sombra, esnifa, y comienza dirigido por el instinto la mecánica de lo que entró a hacer. Legué a ver que de la boca le salía humo y pensé en el infierno.
Yo tenía la pija tiesa, agarrada con mi diestra desde el tronco y mi mano guiaba su mirada desde abajo hacia arriba, despacio y él me miró. Fue ahí que por primera vez nuestras miradas se cruzaron. Se mojó el labio superior con la lengua y acorté camino. Me mandé a un cuartito y él me siguió.

Cuando estuvimos adentro, se sentó de cuclillas y sin usar las manos, metió mi pija en la boca, toda hasta el final. Su boca era la un petero genial, la cavidad caliente, la campanilla amable al paso de mi carme. Lo tomé de la cabeza y empecé casi con maldad a cogerle la boca. Frenético, me volví el diablo dueño de ese humo que anticipaba  la maldad humana. Hacía arcadas que me excitaron, que doblaron mi apuesta. Los ojos se le llenaron de lágrimas, respiraba poco y nada por la nariz, se ponía colorado. Desde su lugar todavía me mirada desafiante.

Lo levanté y l
o puse de espalda contra la puerta, se bajó el pantalón, se escupió en la mano y se mojó el agujero del orto. Así, rápido, sin sacarse la mochila, le mandé verga, le llené la cola de carne, a pelo, cuero y cuero. Dos hombres en el baño del hospital cogiendo como animales. Con la derecha lo tenía de los pelos y con la otra le tapaba la boca, siempre clavado. Sacudí como un perro su interior, se la metía y se la sacaba caprichosamente. Me gustaba sentir salir la pija y volver a entrar a ese ojete precioso, abierto en una dilatación envidiable.
Siempre con la pija adentro, le saqué la mochila porque vi que tenía un cierre abierto y porque quise abrazarlo mientras me lo cogía.
Afuera se oía que había gente y más nos excitó. A los tirones se terminó de sacar la mochila y en el trámite algo se cayó de un bolsillo. Lo giré, lo puse de frente y lo besé. Le comí la boca como una fruta en verano. Hambriento de él, pasé la lengua por su cuello, lo mordí, lo besé con la ansiedad del adolescente. Se agachó solito y se la metió en la boca, yo tenía la pija colorada de bombear.



 


Intentó agarrar lo que se le había caído, pero no le permití desconcentrarse. Lo levanté de golpe y lo clavé más. A pelo, qué bárbaro, le estaba por dejar la leche adentro, le estaba por dar la lechita del desayuno y él la iba a recibir placentero. Me la sacó cuando sintió que acababa se agachó y me la pidió en la boca. Se la di toda, me sacó la guasca con la boca, me mostró cómo se la tomaba y sonrió. Me agaché hasta donde él estaba y agarré en un acto caballeroso lo que se le había caído. Agarré el frasquito y leí curioso: RITONAVIR.

Se lo entregué, lo guardó y salió. Yo me quedé pensando en el vértigo que me dejaba expectante. En la posibilidad de las transmisiones, en la posibilidad de los finales trágicos. Me quedé pensando hasta cuándo y hasta dónde iba a exponerme, hasta cuándo hombres anónimos en baños públicos iban a dejar de ser anónimos para llevar nombre de retroviral y hasta dónde toda esa reflexión me iba a acompañar, dónde estaría la próxima parada obligada con señalética de varón en la puerta.
Salí de ahí, me lavé las manos como Pilato, me miré al espejo, respiré hondo y fui al consultorio de Claudia. De camino me crucé con mi reciente amante fugitivo. Estaba parado en una larga fila en el primer piso, en la ventanilla del servicio de infectología.

Jesús Navarro

13 comentarios:

Anónimo dijo...

Me asustó.
Decadente.
Espero que al menos puedas decir que querés infectarte.

Anónimo dijo...

hola: muy fuerte lo q contas...en fin aprende a pensar con el cerebro..no con la cabeza del choto, mostras desinteres x los demas...aunque bueno es tu vida....

Anónimo dijo...

y si a veces algunos hacen estupideces, perp despues se arrepienten toda la vida. Yo lo hago desde hace 6 meses!!!!!Espero hayas safado!!!!... Lo mio fue u hdp en eun famoso ciber del microcentro.... el hdp aun continua en eso!!!!

juanjo dijo...

HOLA JESÚS... OJALA LEAS ESTO... MÁS ALLÁ DE LOS COMENTARIOS ANÓNIMOS QUE DEJAN SOBRE LA MORAL, LA SALUD SOCIAL Y MENTAL, QUE ES RAZONABLE, RELATIVO Y DISCUTIBLE.... TE FELICITO POR EL INCREÍBLE RELATO.... SI ESTUDIARAS DRAMATURGIA O GUIÓN, TE ASEGURO QUE COMO MATERIAL DE LECTURA FICTICIO ES INCREÍBLE! AÚN VIÉNDOLO EN UNA OBRA DE TEATRO, O UNA PELÍCULA... ME IMAGINO QUE LEES... O ALGO ASÍ... HAY UNOS ESCRITORES QUE SE LO HACÍAN LLAMAR LOS POETAS MALDITOS... TIENE QUE VER CON ESTOS RELATOS... HE LEÍDO MUCHOS RELATOS...PERO TODOS SON MUY SUPERFICIALES, Y MÁS ALLA DE QUERER LLEGAR AL COITO O LO GENITAL, NUNCA EL PROGRESO DRAMÁTICO DE SUS ESCRITOS SON LÓGICOS O MUY BURDOS...EXCELENTE MAN, OJALA ESCRIBAS MÁS DE ESTO.... TIENE QUE VER MUCHO CON LA AUTODESTRUCCIÓN, PULSION DE MUERTE PARA EL PSICOANALISIS, PERO AL ESCRIBIRLO, AHI ALGO AÚN MÁS EXITANTE,,, UN ABRAZO.... Y SI TENES ALGUNA ENFERMEDAD CUIDATE! SALUDOS...

Anónimo dijo...

editores del blog, dejen de filtrar comentarios o al menos expliquen por qué lo hacen. Gracias.

Ignacio

nosotros y los baños dijo...

Ignacio volvelo a mandar ayer se nos borraron algunos mensajes por los cambios que estamos haciendo en las bases. Saludos. Lautaro

Anónimo dijo...

OJALA EL AUTOR RESPONDA A SUS LECTORES...ESTE TEXTO ES UNO DE LOS MÁS INTERESANTES PARA DEBATIR.... OPINO COMO JUANJO,,

Anónimo dijo...

Que buen Relato!!!, sea Verdad o no, me encanto Como esta escrito!!, Espero sigas publicando Jesus Navarro.

Jesús Navarro dijo...

Lectores de Nosotros y los baños:
De mis textos solo diré acaso algo útil, nada hay en ellos de lo que yo deba avergonzarme y nada contienen que pueda lastimar a alguien. Son historias pornográficas que se presentan en un Blog con estas características.
Lamento el mal rato de algunos y me alegra la amabilidad de otros.
Pocas cosas son tan sencillamente indecibles como la expresión del arte.

Un saludo amistoso a todos los que de una forma u otra construyen este lugar cálido y morboso al mismo tiempo.

Jesús

Anónimo dijo...

jesus navarro...cuando un próximo relato así...estudias literatura, o lees, raro encontrar en un blog porno un relato de estas estructuras literarias....

Anónimo dijo...

Feicidades Jesus, opino igual que Juanjo, y que otros blogers. El relato, buenisimo, a medida que lo iba leyendo, me cree toda la pelicula de lo sucedido.
Tenes más escritos? No necesariamente sobre esto (no me mal interpretes, quiero leer más de estos relatos de vos, sobre esto. Pero me gustaría saber como escribes, acerca de otras cosas)
Saludos!

Jesús Navarro dijo...

Anónimo 24 de noviembre,
dejá un correo electrónico y te paso asuntos para leer.
Saludos.

Anónimo dijo...

Faltan q digan q escriba un libro! Una historia adornada con lindas palabras! punto! prefiero lenguaje comun y corrient llega mas! A mi gusto! Q nadie c ofenda!