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Ramoncito (Introducción)

[avatar user="JMaria" align="left" /] José María Gómez | Nosotros y los Baños| Los Putos | Un día el club tuvo que cerra...

Ramoncito[avatar user="JMaria" align="left" /]
José María Gómez | Nosotros y los Baños| Los Putos|


Un día el club tuvo que cerrar y nos quedamos todos en pelotas, es decir, sin la pelota y los partidos del domingo. Todos lo lamentaron y yo también, pero por motivos muy diferentes. No sabía que, precisamente por eso, mi vida daría un vuelco, por no decir, una revolcada, un término que ya no se usa ya pero que quiere decir muchas cosas; por ejemplo, echarse sobre una cosa, restregándose en ella o, porque de eso va el asunto, tener relaciones sexuales dos personas. ¿Por qué dos? Pero bueno, por algo hay que empezar aunque esa vez, por esas cosas del destino, se sumaron unos cuantos por no decir casi todo el equipo de futbol menos el arquero, mi primo, por razones familiares. Igual, con el tiempo, el mencionado, al que apodaban Vergara, tuvo su oportunidad, solo y conmigo, claro, que para entonces ya le había encontrado la vuelta (o el date vuelta, mejor dicho) y, según recuerdo con nostalgia, no me pude sentar durante una semana. Volviendo a lo principal, la Comisión Directiva formada por mis tíos y un par de paraguayos recién llegados decidió componer un equipito de futbol 15 (porque rondábamos esa edad) con la idea de recaudar fondos y conseguir el apoyo de alguna autoridad para volver a empezar. El dueño del terreno y de las instalaciones (incluyendo las duchas que habían significado mi primera felicidad y mis primeros tormentos) ya había puesto en venta todo y fue un milagro que las cediera por última vez para el partido inaugural. Terrible y deliciosamente inaugural. Hubo refuerzos. A los paraguayos se les ocurrió que,  para la nueva etapa, no alcanzaba con los valores locales (los pibes del barrio que todos conocían, lamentablemente bastante pataduras) e introdujo en el equipo a un par de paraguayitos que se las traían. Caras  de nene, unos cuantos añitos más que nosotros y con todas las mañas. Después, cuando pasó todo, supimos otras cosas de ellos, mucho más relevantes, pero mientras entrenábamos no teníamos forma de averiguarlo. Andaban siempre juntos,  se desnudaban juntos, ¡se bañaban juntos! pero cuando lo hacían no permitían que nos acercáramos a ellos. Era todo un misterio y yo, que luego de lo ocurrido con mi papá andaba con ganas de descubrir ese y todos los misterios del mundo, fui el más atrevido y, seguro, el responsable directo de haber iniciado la jornada, es decir, ese domingo cuando (después de que nos habían hecho todos los goles del campeonato juntos) nos pusimos a llorar en el vestuario y entonces, Ramoncito (el mayor y el más hermoso de todos y el que… pero, claro, todavía no les conté esa parte) me vino a consolar. Y se inició el zafarrancho. ¡Seguimos en la próxima!
PD: Hasta el día de hoy nunca supe por qué lo llamaban Ramoncito, no tenía ningún sentido. Ya lo verán.

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