viernes, 11 de diciembre de 2015

Vergara. Tercera parte

José María Gómez | Nosotros y los Baños| Los Putos|

 VERGARAY… ¿hacemos negocio?”, me pregunta, apoyando una mano sobre mi rodilla, apretando un poco y colocando la otra mano ahí, sobre el tremendo bulto, apretando también pero más bien acariciando, invitando, obnubilándome. Hasta ese momento habíamos estado conversando o algo así, mirándonos de reojo, estudiándonos. Después de la sorpresa y de las risas (cuando apoyé mi mano sobre su bragueta, ¿recuerdan?, (cuando apoyé mi mano sobre su bragueta, ¿recuerdan?, Vergara se echó a reír y yo también) un sentimiento de amistad nos inundó, de confianza, de recuerdos buenos. En definitiva, habíamos crecido muy cerca uno del otro y vivido juntos muchas cosas, muchas más de las que se necesitan para quererse, en fin, para permitirse algunas que los demás no entenderían, secretos nuestros, por ejemplo, intimidad, quiero decir, que me muestre la pija, esa, la de ahora, grande en verdad, o desnudarnos juntos, también, y antes de separarnos para siempre. Aclaración: cuando lo hicimos, es decir, cuando me dijo: “¿Y no querés ver todo, ya que estás?, ninguno de los dos sabía… rectifico: él sí sabía (¿acaso no les dije que estaba al tanto de las cosas antes que yo?), repito, Vergara supo antes que yo de mi deseo, lo supo desde siempre, desde que éramos niños, sabía que en algún momento me la iba a tener que poner. Por eso comenzó a desnudarse.


Pero antes la asomó. Y yo exclamé, involuntariamente: “¡ah!”. Era muy cabezona. Un rato antes, sentados todavía, le dije en broma: “No te hagás el inocente… ¿y ese pibe?” (Yo me refería al otro paraguayo, el debilucho que todavía andaba rondando por ahí)  “¿Cuál?, me preguntó. “Ah, sí, el putito… no le entraba, te juro por Dios que no le entraba”. Ya estábamos en materia, esos comentarios me mataban. O este otro: “Hay que tener una así, no todos se la aguantan… ¿y vos, eh, en un caso, digo, te la vas a aguantar?”. Y la voz, cuando decía esas cosas, se le espesaba, bajaba en decibeles, él, que hablaba siempre a los gritos y tenía la voz aguda, como muchos provincianos. “Todavía no vi nada”, le decía yo, provocándolo. Eso era antes, jugando todavía. “No te diste cuenta recién, cuando tocaste” Y yo: “Es que lo que no veo, no  lo creo”. Cosas  así. “Tocá otra vez, vení…”, urgía, envalentonándose, y yo mirando ahí con el corazón en la boca.


No sé si se entiende. A todos nos ha cojido un primo alguna vez. Y es hermoso. Porque hay (cuando lo hay) amor, confianza, hermandad. Y casi nunca hay dolor, sólo el imprescindible. Porque el guachito lo que quiere es coger, no hacerte daño. Por eso es que con Vergara nos pusimos a hablar así, como niños grandes, divirtiéndonos. Una mezcla curiosa de inocencia y calor, mejor dicho, candidez y una calentura feroz que nos estallaba en las pelotas. ¿Y por qué no le entraba? ¿No me vas a decir que le dolía…?”, lo apuré. “Y sí, mirá”, y se abrió el último botón de la bragueta.  Enmudecí. En el hueco de la tela, haciéndose lugar, un glande gigantesco de color increíblemente rosa se asomó y estaba herido. Por la hendidura sutil, perfumándolo, un líquido incoloro se derramaba indócil, en gotas, humedeciendo con la materia acuosa el grosor. Tragué saliva, y tuve sed. Entonces Vergara, quien siempre sabía lo que tenía que hacer, me miró profundamente y, sosteniendo mi mirada, humedeció sus dedos ahí y los llevó a mis labios. La línea tibia que maravillosamente se mantuvo desde su verga hasta mi boca nos unió para siempre pues no hay nada que una más que la sangre y, si no, la leche.


A continuación nos desnudamos. La cama grande de mis padres estaba ahí, invitándonos. Todo lo que iba a suceder era maravilloso, único. Vergara mismo lo enunció, sabiamente: “¡Ahora vas a saber lo que es un hombre!”


(Continuará)



Leé acá de José María Gómez, toda la saga de "Vergara"

7 comentarios:

Rino dijo...

Que buena historia, la entiende el que vivio fuera de Buenos Aires, yo vivi en un pueblito al sur de Córdoba y es tal cual, en las siestas interminables pasaba de todo... En los partidos de futbol o cuando ibamos a algún estanque o molino, los pantalones nos explotaban y lo más comico era que no sabiamos que nos pasaba!! Cuando leo tus relatos estoy, ahi, son muy gráficos, en los vestuarios, en la estación con Ramoncito, veo como desnudas tus personajes en sus cuerpos y sus almas.

Bien por Vergara, sigo esperando la próxima! (y me pone loco cuando se acaba... )

Carlos dijo...

Sin ánimo de criticar, pero como me embolan estas historias tan largas que hacen ahora y que continúan.
Se perdió en la pagina el espíritu de la anécdota, la aventura, las cosas simples sin vueltas y pasamos a las novelas... la verdad es de otra época vuelvan a su esencia

Alan dijo...

José me encantan tus historias, me encanta esperarlas y por sobre todo lo sofisticado y casi mistico de ese desarrollo que se va dando semana a semana, entiendo que algunos ignorantes no sepan verlo, son los mismos que van a una tetera y no se detienen en el proceso, pretenden tener todo armado y esperandolos.

Me parece MUY BUENO que el blog haya apostado por un novelista como vos para que nos deleite con estos textos. MUCHAS GRACIAS!!!

Alan

FedeGoye dijo...

Carlos, si te embolan este tipo de historias no las leas y todas las anecdotas que hay bajo la etiqueta http://www.usandbath.com/?s=relatos ahi tenes todo anécdotas y más, hay que saber buscar....
José es uno de los autores mas leídos!! (según las estadísticas de la pagina)

Mariano Lelez dijo...

Buenisimo como siempre Jose Maria. Excelente el manejo de la tensión mezcla de morbo e inocencia. Eso de cuando uno era pibe y un íntimo mayor jugaba con nosotros, Me hace revivir recuerdos de mi pubertad

Sergio dijo...

Lamentablemente a mí no me pasó nada parecido: me hubiera encantado que así fuese...
pero gracias al talento de un escritor verdadero como José María me está pasando ahora, al leer estas fascinantes historias. ¡Espero con ansias la próxima entrega!

Raul dijo...

Ahhhh las historias con primos... yo cogia con uno cuando era chico, siempre que venia a mi casa o cada vez que yo iba a la de él, jugabamos a "mostrarnos la pija" primero toqueteos, después besos y finalmente terminamabamos chupandalas, con el tiempo el se casó y yo me puse en pareja, ahora estoy solo y me dedique a la vida gay, cada vez que nos vemos EL SABE QUE YO SE