martes, 27 de noviembre de 2018

EL primer marido de mi tía.

Por Fred Barbas -  Cuando mi tía más chica se casó, quedé como hijo único en casa. Me criaron mis abuelos y conviví muchos años con mis tías y mi madre casi como una hermana. A medida que se fueron casando, empezaba a disfrutar de ser un “hijo único” de mis abuelos, que ya eran grandes y me malcriaban mucho. Soy el hijo varón que ellos no tuvieron y además primer nieto.




Mi madre se casó y vivía al costado de la casa de mis abuelos. La otra tía se casó en Montevideo, con un empresario. Y mi tía mas joven se casó la primera vez con el hombre que siento que fue mi primer amor. Era un hombre joven, como ella, realmente bello. Un hombre moreno, de pecho y piernas pobladas de vello oscuro al igual que sus brazos y con ojos verdes. Yo como a los 9 años, me sentaba en sus piernas, y me daba de comer en la boca y me acariciaba mucho. A mi me gustaba tocarlo y hacerle mimos. Siempre hubo química con mi tío. También me gustaba sentir ese particular y especial aroma, mezcla de tabaco y masculinidad que de él emanaba; me sentí siempre muy atraído por su olor y por su calidad de hombre grande.


Más o menos por esa época mis tíos se separaron por primera vez, aún no habían tenido hijos. Esa primera separación me afectó tanto que hasta caí enfermo por esa forzosa ausencia, aunque nunca dejé de verlo porque pasaba todos los fines de semana con él.
Con el tiempo supongo que me acostumbré a verlo menos, me iba a buscar a la escuela, me llevaba a la canchita y yo iba a acompañarlo aunque siempre odié el futbol. Mis abuelos lo querían mucho y el iba a almorzar a casa de ellos los domingos. Yo no podía dejar de mirarlo. Cuando se acostaba a dormir una siesta en aquellos veranos rochenses de fines de los 80s con tanto calor yo me acostaba a su lado a mirarlo dormir. Claro que yo no podía dormir estando cerca de él porque su olor me enervaba.
Extrañamente, aún no sabía qué quería; tenía sensaciones, lo espiaba cuando se cambiaba de ropa, me intrigaba el tamaño de su bulto.

Por ese entonces ya mis compañeros de escuela comenzaron a cargarme con eso de "mariquita" y tocaditas en las duchas y todo aquello que hace miserable la vida de algunos gays. Parecía que la gente sabía lo que yo soy antes que yo mismo. Una vez un vecinito jugando a la escondida una noche caliente de febrero con viento de la playa, me hizo tocarle el pito; en ese entonces comencé a tomar conciencia de mi gusto por los hombres. Y aunque les parezca mentira, nunca pasé mal ni viví mal mi gaydad. Creo que el que realmente pasó mal fue mi hermano, porque los niños son malos y viendo que a mi me podían decir lo que quisieran y no me afectaba, el bullying se lo hacían más a el.
Y fue allí, cerquita de la playa donde creo que tuve mi primera experiencia(aunque quizás en algún momento recuerde algo que quizás ahora mi mente lo niega); creo que ya tenía once años de edad.
Escondidos en los baños públicos de la bajada a la playa, me encontré acariciándole el pito a mi amigo. El urinario estaba vacío, era de tardecita cuando ese chico apareció en silencio (también jugando a la escondida) se presentó de pronto, se paró al lado mío y sacó su verga afuera. Él tendría 13 años.
No pude evitarlo, se la miré, él hizo pis despacio y sacó también las bolas; me puse rojo, pero me quedé clavado allí, mirando.
Mi pito se endureció tanto que me dolía y aquello se agrandó más. Luego me agarró la mano, me llevó contra una pared y me puso a tocarlo. Y yo no me negué. Cuando pensé que todo era tocarlo a el, ese chico agarró mi sexo. Su cabeza tocó la mía y creí morir de placer, refregó su pene contra el mío, y me hizo vibrar.
Ya me hacía la paja, no sé si antes o después del suceso, que anhelaba se repitiera.
De allí en adelante todo se hizo más claro para mí: me gustaban los hombres y además deseaba al marido de mi tía.



Sentía la urgencia de mi cuerpo por su cuerpo; quería sentir sus piernas, su abrazo viril, pero por sobre todo sentía una urgente necesidad de tomar su verga en mis manos y acariciarla para siempre.
Cuando tenía 14 años, el y mi tía habían vuelto a arreglarse. Ella estaba embarazada. El no tenía trabajo y mis abuelos les habían comprado una casa frente a la nuestra. Yo iba a verlo todos los días, era casi como una tortura. Un poco lo odiaba también. Creo que odiaba amarlo o algo así, aunque parezca cursi. Para ese entonces, mi tía estaba con una panza como de 6 meses. Ellos se habían casado muy jóvenes y ya se había separado varias veces hasta que mi tía se embarazó creyendo que con el embarazo lo iba a “atrapar” del todo. 
Me acuerdo que no tenían mucha plata, el estaba en el seguro de paro no se bien como se llama cuando estás sin trabajo y te pagan un poco de tu sueldo y había agarrado unas changas en una obra, y trabajaba casi todo el día. A los 14 años, mi amor se mezclaba con el odio. Era muy loco todo, esos enamoramientos de adolescente que casi no tienen limites.
El se acostó y poco después lo seguí; él ya dormía plácidamente. Habíamos brindado con un champagne tan seco, tan helado y tan delicioso que no me di cuenta de que me había tomado una botella entera yo solo. Es decir, estaba mareado pero no borracho.



Con mucho sigilo, mientras todos seguían en la fiesta, me metí en su dormitorio y lo empecé a tocar y a acariciar; primero toqué su pecho y luego bajé mis dedos con susto y nervios, es verdad, pero también con una gran calentura que no paraba; pronto mi mano se posó sobre sus genitales.
Los sentí abultados.
Mi corazón latía con fuerza y mi mano, lenta y temerosa, pero decidida, fue metiéndose a poco dentro del slip; mis dedos se perdieron en una impresionante mata de pelos que me parecieron maravillosos y de pronto la verga, caliente, gruesa.
Las bolas peludas y deslizantes.
Me volví loco.
Me deslicé debajo de las sábanas y en la oscuridad de la habitación chupé con muchas ganas y sed la verga de mi tío.
Muy pronto la pija comenzó a crecer hasta llegar a convertirse en un monumento.
Súbitamente mi tío se despertó, se sentó en la cama encendiendo la luz del velador y me miró espantado.
Se cubrió y por un instante pensé que me iba a golpear.
Entonces comencé a llorar asustado y tremendamente avergonzado.
Él, sin decir palabra, me acostó a su lado, pasó un brazo por debajo de mis hombros, apagó la luz y cariñosamente me arregló el pelo mientras me consolaba.
Estuvimos así un rato hasta que me calmé y comenzaron las preguntas; que si me gustaban los hombres; que desde cuándo; que si alguien me había hecho algo.
Le dije la verdad entre susurros, luego nos quedamos callados y abrazados mientras mi pene otra vez se erguía.
Me sentía protegido por él, que nuevamente preguntó: 

  • que si me gustaban las mujeres, 
  • que estaba loco, 
  • que mi tía,
  • que él me ayudaría.
  • Que me quería mucho.
  • Que era su culpa, etc.

Yo cooperaba, un dedo entró completamente.

Lo hacía entrar y salir ininterrumpidamente mientras le daba suaves mordiscos en la oreja, en el hombro, en el cuello.
Ambos de costado, enfrentados, abrazados, mi verga entre sus piernas apretadas.
De pronto me mando acostar de espaldas y se sentó sobre mi pija. Eso me gusta de los machos que se emputecen, que siguen intentando dominarte aun cuando son los pasivos.
Me dio instrucciones, la cabecita tocó su agujero, se frunció, me pidió que le diera tiempo para que se relajara, me tiraba hacia abajo con sus manos en mis caderas. El sujetaba firmemente mi garcha con una mano a la entrada de mí su virginidad recientemente traspasada por sus dedos y empujaba.
Le dolía. Le dolía mucho. Era para el casi como un castigo. Era un castigo por hacerse puto Se enterró mi verga entera, a lo macho. Parecía que quería sentir dolor. Creo que esa navidad me hice activo, o aquella tarde jugando a la escondida en los baños públicos de la playa, pero lo que se bien es que cuando le chupé el culo a mi tío, y ese día que me lo garché me di cuenta que esto era lo mío. Era activo.



Mientras yo pensaba mil cosas, mi tío creía morir de dolor, pero ni por un instante se le ocurrió tratar de sacar mi verga de su cola.
Me di cuenta cuando una deliciosa sensación recorrió desde su esfínter hasta su estómago y al rato sentí que prácticamente se desmayaba, un escalofrío recorrió mi cuerpo y comencé a temblar. Me acabé.
Después sentí su eyaculación, los borbotones que expulsaba parecían interminables.


Recuerdo que ese invierno recontra frío, se les rompió el agua caliente en su casa. Yo pasaba casi todo el día en clase, y regresaba a las 19 hs. Supongo que mi tía embarazada se bañaba en casa de mis abuelos temprano, de día y mi tío iba a ducharse tipo a esa hora cuando salía de la changa.

Ese era mi momento de gloria. Todos los días lo veía secarse por la cerradura y me pajeaba. Parecía que el sabía, porque el también se pajeaba, acababa en la palangana, se lavaba la pija y luego volvía a secarse para finalmente vestirse. En ese tiempo me daba para huir del ojo de la cerradura hasta mi cuarto para encerrarme con llave a limpiarme. Pienso que el sabía que yo lo veía, porque llegamos a acabar varias veces al mismo tiempo. Era casi como un show privado que me hacía.

Así fue pasando el tiempo y me fui para Montevideo a estudiar. En una navidad, yo ya tenía 19 años luego de la cena y los fuegos artificiales mi tío cruzó la calle y fue a acostarse temprano.

Las fiestas en mi familia se celebran casi hasta el amanecer bailando, conversando, disfrutando. Son hermosas y siempre hay un niño nuevo que tiene la ilusión de la llegada de Papá Noel.

Al estar yo mareado, no me importó nada. Le tapé la boca con la mano y le dije “nos debemos esto”.

No dijo absolutamente nada más en todo el rato que estuvimos juntos. Ni una palabra más.

Aún hoy no se si el recuerda esas épocas en las que yo me pajeaba mirando como se secaba después de ducharse y tampoco me importa.

Esa noche, fue mío. Mamé esa pija que había deseado tantos años y ese cuerpo y las bolas peludas, mientras tanto y para mi asombro notaba como se iba abriendo de piernas y me empujaba la cabeza hasta que mi lengua llegara a su culo peludo, hermoso, duro, musculoso, limpio y perfumado de hombre trabajador. Esos culos moldeados por el trabajo de changuero albañil. Un culo de macho. Que lamí como que tuviera gran experiencia y en realidad ese fue el primero de los culos que disfruté con la lengua. Mi tío con olor a alcohol, perfume, a macho y transpiración gemía y hoy me doy cuenta que esa cola estaba deseando pija. Pero solamente lo cogí con la lengua. Cuando el tipo no pudo aguantar más, se acabó a mares y me indicó con una seña que me fuera a la casa de mis abuelos a la fiesta.

Con la pija dura como una piedra, me subí el pantalón y me fui para la fiesta, me encerré en mi cuarto y me hice terrible paja recordando todo lo que había vivido y todo lo que había esperado para que llegara ese momento.


Pasaron unos días y como el 27 de diciembre tuve la segunda experiencia con mi tío. Estaba solo en mi cuarto, la casa de mis abuelos es grande y mi dormitorio queda muy lejos del dormitorio principal. Avanzada la noche, me estaba acostando y golpean la ventana. Miro y era el. Lo hice entrar. Olía como siempre, a perfume, tabaco y algún alcohol que había consumido. Estaba más hermoso que nunca.

Yo fui directo a su culo, a tocarlo. Le bajé el pantalón y me empecé a meter los dedos y a chuparle las tetillas peludas. Me frenó y me dijo: “Dame tiempo”. El tenía más o menos 35 años en esa época.

“Cuento con tu discreción” fue lo otro que me dijo. Aseveré con la cabeza y fui por unas cervezas. Era todo muy raro, fue una relación que se fue transformando, que pasó del amor al odio, que fue casi paterna, luego tuvimos ese encuentro sexual y ahora éramos como unos amigos con sexo. No era lo que yo anhelaba para mi vida, pero era lo que la vida me estaba ofreciendo y no lo quería desaprovechar.

No me besaba. Pero me abrazaba y me acariciaba y lo recuerdo mientras escribo esto y se me erizan los pocos pelos que me quedan. Tocaba sus músculos, su cuerpo peludo e intentaba besarlo pero el siempre me negó los besos. En esa época a mi no me importaba. Ahora si no me besan directamente no hago nada.

Tomamos unas cervezas onda amigos y de pronto en vez de sacarse la pija para que se la chupara se baja el pantalón se pone de espaldas y me dice “masajéame la cola como el otro día”. Me vi chupándole el orto al hombre que había amado y odiado de niño. Haciéndolo llorar de placer y pidiéndome pija a pelo. No quería que me pusiera forro. Es algo que me molesta de los hombres casados, están acostumbrados a coger sin nada porque las esposas o las hembras que tienen toman pastillas anticonceptivas y se olvidan de las infecciones de transmisión sexual. Yo ya era bien conciente sobre el tema y sabía que a veces el se le escapaba a mi tía y se garchaba a unas putas del Chuy y quizás también mi tía tenía lo de ella. Entonces fui pie por pie al cuarto de mi hermano que siempre tenía condones, lo miré dormido en bolas aquella noche de calor y le robé unos forros de su mesa de luz.

Mi tío me esperaba en la cama, desnudo y de costado. Me puse el condón y el me hizo meterle un dedo.

Le di su propio semen en la boca, hizo cara de asco pero se lo comió todo. Lamía como un perro.

Me dijo “me emputeciste”. Y se fue.


Gracias todos los que me escriben!!!


Instagram: fred_barbas

Los espero :)

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