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Nuestra promiscuidad

Por Mariano Sepúlveda | Hay dos tipos de gays y los dos se odian mutuamente: los que cojen como conejos y lo cuentan todo, y los que co...

Por Mariano Sepúlveda | Hay dos tipos de gays y los dos se odian mutuamente: los que cojen como conejos y lo cuentan todo, y los que cojen como conejos pero lo niegan todo. Los primeros están orgullosos de sus conquistas y su sexualidad incontrolable y piensan que los segundos son unos amargados, retraídos y super-pasivos que quieren ir de santitos cuando en realidad son más putas que las gallinas.
Hablando en un sentido antropológico la diferencia entre un homosexual y un heterosexual es la diferencia de su objeto de deseo.

Años de historia avalan que en todas las culturas y todas las épocas la existencia del matrimonio se cimentó como institución -y esto es así, aunque hoy no parezca que lo fuera- indisoluble, de por vida. El matrimonio indisoluble es una indicación de un estado superior de una civilización, lo contrario es una degradación. Nuestra cultura actual, en esta materia, no es superada sino degradada, mal que nos pese.

Lo que quiero decir es que el varón y mujer  contenidos en la normalidad (o sea  heteros) históricamente encontraron un cauce y contención a su pasión y deseo, que se contenía en el matrimonio. Institucionalmente y socialmente la violación a él (el macho) era castigada; el adulterio llegó a ser delito criminal -con pena de muerte para la mujer, con otras penas para los varones, mas tenúes ya que la infidelidad siempre se consideró como menos grave-.

Creo que aquí nace discurso homofóbico; la afirmación de que los putos son afectos a la promiscuidad.

Opino como dice mi analista que: la elección sexual es una construcción.
La culpa católica me parece que no a todos afecta, en tanto no todos son católicos ni religiosos practicantes, pero sí esta presente en nuestra cultura el claro-oscuro que la sexualidad es mala y en tanto eso se plantea como tabú.

Nos entretiene y nos atrapa la atención. Las relaciones interpersonales dependen de mucho más que de la sexualidad y no pueden reducirse a esta.

Aquí me llevo por delante los colectivos travestis y gays (con sus acoplados musculocas, nerds y osos), y aún los heteros que se relacionan entre si como una manera de preservarse y de no ser afectados por lo externo en ambos casos. Esa defensa desde la elección sexual nos impide ver y luchar y a veces vencer nuestros propios miedos. 

¿Porque mis amigos deberían ser todos gays o todos heteros o todos iguales? 

Prefiero hacer el grupo de los felices, el de los divertidos, el de natación, el de mi trabajo, el de mi secundario, el de mi barrio y así ad infinitum…. y que nadie quede afuera.

Creo que entrar a la cama por el lado de las relaciones múltiples es una manera de no mostrarse, de no involucrarse y cualquier persona, más allá de su elección esta en riesgo. (Yo lo hice, cuando estaba pasando por momentos donde no me encontraba centrado en mi eje). Porque la mente está… aunque muchos crean que “solo ponemos carne” en la parrilla, aunque parezca que no nos va a pasar nada y “la reducción a cacho de carne”puede dejar heridas psíquicas profundas. Y carnalmente tal vez una ETS. 

A esto sumale el drama de la homofobia dentro del mismo ambiente gay.
La eterna lucha. Siglos después, los gays aún seguimos divididos y confusos respecto al tema de la pasividad. Una vez más todo depende de ser o no ser masculino. Lo que, en este caso, se mide en base a quién es el que pone el culo. Los pasivos se quejan de que no hay activos de verdad, los activos se quejan de que los pasivos no son masculinos, y los versátiles son acusados de ser pasivos amanerados. Un drama que no tiene fin. ¿Vos de que lado estás?

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