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Bajo tierra: Manoseando en el Subte

Por Alan PNC | La primera línea de subterráneos (o “subte”, como le solemos decir la mayoría de los porteños) fue inaugurada hace ya má...

Por Alan PNC | La primera línea de subterráneos (o “subte”, como le solemos decir la mayoría de los porteños) fue inaugurada hace ya más de un siglo.
El viaje en subte es una travesía diaria; somos muchos los que usamos este medio de transporte, son pocos los que conocen la movida. A cualquier hora, cualquier momento del día es bueno para ir de levante. El subte no escapa de ello, y este monstruo que todos usamos e insultamos cuando nos cierra la puerta en la cara, a pesar de ya ser advertidos con el bendito sonido de cierre, nos tiramos casi de cuerpo entero para poder llegar más temprano a destino.
La cosa se pone interesante cuando nuestro chip detector se activa: la feromona gay nos llama y nos avisa quién está cerca. Un primer intento, el primer roce de la grandiosa mano boba hace su intento por llamar al otro que tenemos al lado. La posición es estratégica y el que la conoce la utiliza bien utilizada. No importa que tan lleno vaya, si nos quedamos sin aire, o si mi bolso o mochila queda a un brazo de distancia mío, mientras mi mano libre esté estratégicamente descansando cerca del bulto del muchacho que tenga adelante. Es un morbo insalvable, de a poco nos acercamos al bulto del macho compañero de viaje. A veces sin querer, a veces a propósito. Vamos tanteando. El que no se corre, juega al mismo juego que nosotros. Incluso el más heterosexual a veces se prende.

El viaje se pone más intenso: en hora pico la gente te aplasta, pero ¿cuál es la ventaja de esto? Que el bulto del chongo lindero la tenés más “a mano” (literalmente hablando). El que se deja se deja, el que no, se corre pero no dice nada. Y a veces somos más de uno, la mirada va, “relojean” y vuelven a su zona de confort, si entendiste el código entonces tu viaje al laburo o facultad se hace interesante.

¿Cuál es la estrategia? Bueno, es bastante sencilla. Ponete en el primer o último vagón, bien contra las puertas (dale, anímate, no pasa nada que te quede lejos la escalera eléctrica después). La mochila ayuda a tapar ante cualquier cabecita de termo que no le cope mucho la idea, el bolso del gimnasio también.
¿El mejor horario? Y sí, si prestaste atención a las palabras de más arriba (fíjate bien en el medio), el horario pico. Si sos de los claustrofóbicos, creo que ni te tomarías un subte.
Qué importa si tenés tres chongos aplastándote, pasá el buen rato.

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